Último momento
recent

Norma Banci, una farmacéutica de las de “antes”

Por: Adriana Felici (Periodista - Directora En Familia)

La historia de Norma Banci (84, 2 hijos) comienza en la esquina del Banco Nación de Jesús María donde en los años ’30 estaba la Farmacia de su padre. Allí nació Norma, y entre pomadas y preparados fue gestándose su idea de ser farmacéutica. Ir a la universidad: ¿no era raro entonces para una mujer? “Sí, pero mis padres tenían ideas muy a la europea. Se conocieron en el barco viniendo de Europa. Papá era italiano y mamá volvía de un viaje con su familia. Estudiar –analiza-depende del estímulo. A mí me impulsó mucho mi mamá. Todos los días me daba el desayuno con una conferencia hablándome del futuro. Me decía: algún día me voy a morir y te vas a quedar sola. Tenés que tener un título. Y mirá lo que pasó… me recibí en enero del ’57 y ella murió en abril del mismo año”.

Trabajo artesanal. “Estudié y trabajé. Luché para entrar al Hospital Córdoba; gratis al principio. Hacíamos los remedios de uso interno: sueros, supositorios, píldoras, sulfato de bario para las radiografías, óvulos, cremas (entre ellas la famosa diadermina), sellos; era otra forma de administrar medicamentos: nos daban la fórmula y la poníamos entre dos obleas. Es increíble todo lo que aprendí”, señala. Agrega que después trabajó en el Hospital Del Valle, y que en 1960 regresó definitivamente a Jesús María, donde en la esquina de Tucumán e Ing. Olmos abrió las puertas de Farmacia Banci.
En los ’60 en Jesús María sólo había 4 farmacias: “Hacíamos turnos de una semana. Eso era sacrificio”, suspira y explica: “Trabajaba mucho en el laboratorio: hacía pomadas, tintura de yodo, gotas en base a yuyos… Algunos médicos mandaban la fórmula, aunque ya había medicamentos que venían hechos”.

Infancia. Años ’40: tiempos de jugar en la calle con amigos del barrio; entre ellos las hermanas De Chiara y Zulma Bergagna, con quienes aún se reúne. De sus recuerdos vale subrayar el cine, a media cuadra de su casa. “El dueño era don Tufic. Cuando había función ponía el disco con la milonga La puñalada. Así avisaba que empezaba la matiné y después la función de la tarde. Todos los domingos oía La puñalada; ¡debía ser el único disco que tenía Tufic!”, exclama, y evoca: “Íbamos a la matiné con los chicos del barrio y era maravilloso”.
Prosigue hilando recuerdos: “A la vuelta de la farmacia había un destacamento de ejército con un sargento y seis soldados… ¡Ése era todo el ejército!. Pero a quien más recuerdo era a don Juan Aznar. Tenía el quiosco frente a casa. Con mi hermano teníamos avidez por leer, y este hombre, generosamente, nos dejaba leer todas las revistas. Así aprendí a tener buena ortografía”.
También evoca la funeraria Toledo, sobre el Boulevard Agüero. “Cuando era chica los entierros se hacían con unos caballos negros tirando una especie de carro con cortinas. ¡Igual a lo que se ve en las películas del 1800!”, ríe.

Juventud. “Para ir al colegio en Córdoba (allá hizo la mitad de la secundaria) tomaba dos tranvías… ¡cómo me acuerdo de ese trin trin trin…! (la campanilla). Éramos felices. Estábamos en la edad de querer tener cosas… Un día me invitaron a un casamiento pero no tenía sombrero ni plata para hacerme uno. Unas compañeras de universidad me dicen: nosotras te enseñamos. Al otro día me fui con alambre y fieltro y aprendí a hacer unos sombreros maravillosos. Íbamos siempre bien arregladas… ¡cómo hacíamos para arreglarnos es otra cosa!, ríe. Y ni te digo los teñidos… A la peluquería iba la gente de mucho dinero. Mi mamá sabía porque en Europa en 1930 se teñían el pelo. Acá se dejaban las canas al viento… ¡Será por eso que las detesto! Y hasta permanente nos hacíamos. Todos los días aprendías algo nuevo. Creo que esa ansiedad de aprender y progresar se perdió”, reflexiona.
¿Entretenimientos? Escuchar discos…. “No había otra cosa para hacer, Cobraba y me iba a comprar un disco. Para mí era una gloria”.
Con 50 años como farmacéutica, ¿qué piensa de los avances científicos? “Me sorprenden. Si estoy viviendo a esta edad es gracias a los remedios. Antes ni remedios para la tensión había. La gente no se cuidaba y se moría. Para mí es un milagro”.
A pesar de algunas dificultades para desplazarse, Norma no abandona el humor ni la voluntad: fanática del cine y del teatro, difícil que se pierda una película que den en Jesús María, y tras esta entrevista, partía muy contenta a Córdoba con su hijo Álvaro a ver a Les Luthiers. “Voy con silla de ruedas; total no me conoce nadie. Uno ya es grande así que tiene que tratar de disfrutar lo más que pueda”.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.