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Con María Eugenia Cadamuro, no hubo crimen perfecto

A esta campera borravino la tenía
puesta Maru cuando fue asesinada
De las suposiciones originales a las revelaciones judiciales existe un trecho demasiado grande que desmitifica la tesis original que manejaban muchos.

Durante los 93 días en que María Eugenia Cadamuro estuvo dada por desaparecida -más allá de la presunción de muerte que muchos abrigaban- la sospecha de que se estaba frente al trabajo de profesionales, probablemente sicarios, ganaba la calle.
Es más, muchos aseguraban que el cuerpo de la mujer nunca iba a volver a aparecer. Sin embargo, tras el hallazgo del cadáver y de la información que fue soltando la Fiscalía de Instrucción de Jesús María, se debilitó la hipótesis inicial y comenzaron a vérsele los defectos al crimen, producto de la impericia, de la inexperiencia, y hasta del descuido.
El cadaver de Maru fue hallado a 1,5 metro de profundidad, dentro de dos bolsas de consorcio, y tapado con un acolchado. La mujer tenía puesta, además de la ropa con la que salió de su casa ese 15 de marzo -calzas, remera musculosa y zapatillas deportivas- una campera inflable de hombre, color borravino, talle L.
El acolchado con que estaba tapado el cuerpo era reversible, a rayas horizontales de dos colores de un lado y monocromático del otro.
Ambos elementos, campera y acolchado le pertenecían a Jeremías Sanz tal como consta en innumerables fotografías que fueron halladas en el dispositivo móvil marca IPhone que el joven entregó voluntariamente en uno de los procedimientos de allanamiento que ordenó la policía.
De ese dispositivo fueron eliminados inmumerables conversaciones, registro de llamadas, datos de mensajería, como confirmaron quienes peritaron el aparato, pero las fotos permanecían allí y coinciden con las dos prendas halladas. De hecho, la campera tiene los disparos que le formularon a Cadamuro con una escopeta calibre 16 a menos de 80 centímetros de distancia.
En el Iphone también se hallaron fotografías de Jeremías Sanz portando una escopeta calibre 16 y se hallaron cartuchos del mismo calibre en su camioneta VW Amarok el día en que fue secuestrada. Otros testigos relataron que además de la escopeta calibre 16 (no autorizada por el RENAR) Sanz tenía otras tres armas más, dos calibre 22 y una escopeta antigua tipo caño recortado sin precisión de calibre.

Trabajo poco meticuloso
Consumado el homicidio de Maru, la premura por deshacerse del cadáver hizo incurrir al supuesto autor del hecho en otras torpezas. En el pozo estaba el rollo con las bolsas de consorcio que se usaron, dos pares de guantes, y otros elementos que podrían incriminar a más gente si se logra extraer material genético de ellos.
Del campo habían desaparecido dos palas y los empleados declararon que Sanz nunca las usaba para trabajos manuales. La camioneta fue llevada a lavar completamente llena de barro al día siguiente de la desaparición de la mujer.
Está el intenso tráfico de mensajes y de llamadas telefónicas que Sanz cursó con familiares y amigos íntimos entre la noche del 15 de marzo y la madrugada del 16.
Hay llamadas que fueron atestiguadas por terceras personas en las que el relato de Sanz era autoincriminatorio con el crimen que después se le imputó.
Y hasta hubo después del hallazgo del cadáver de Maru reconocimiento de íntimos y familiares a terceros sobre la aceptación del crimen que le atribuían. Todo eso está añadido al expediente de la causa que ya lleva 2500 fojas, aproximadamente, y es una de las más voluminosas que manejó el fiscal José Raúl Almeida hasta su retiro, que tuvo lugar el pasado lunes.

Matricida y femicida
Respecto de la imputación por violencia de género (femicidio), la Fiscalía logró establecer que medió del hijo hacia su madre violencia psíquica, física, y económica, toda vez que trataba de impedir que la mujer disfrutara y dispusiera libremente de los bienes que le correspondían como heredera forzosa de su madre y sobre los que pretendía tomar el control, una vez que retornó de Miami.
Ninguna de las precauciones que tomó María Eugenia durante el tiempo en que duró esta violencia –colocar cerrojos, alarma, pensar en comprar gas pimienta y hasta un arma– logró impedir que se cumpliera el anuncio que le hizo Jeremías a su madre cuando la amenazaba de muerte, según la hipótesis que se persigue hasta ahora.
Solo un milagro procesal podría atenuar el destino que parece tener la causa, instruida en un 90 % y casi lista para ser elevada a juicio.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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