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Amistad, signo de humanidad

Nos vivimos quejando de lo cruel que parece la humanidad al consentir tantas injusticias, pero en la amistad encontramos un signo para volver a creer. ¿o no?

Qué gran favor nos hemos hecho los seres humanos al inventar la amistad y proporcionarle condiciones a lo largo de milenios. Hasta los filósofos han dedicado ensayos y explicaciones acerca de su importancia en nuestra vida.
Podemos tener uno o decenas de amigos y eso dependerá de nuestra apertura mental y de nuestros hábitos culturales. Algunos rechazan la denominación sino se trata de una relación profunda, que debata la vida, que se ocupe de tus emociones y tu espíritu. Esos jamás le dirán amigo a un “amigo” de Facebook.
Otro dirán que la distancia (sobre todo la geográfica) es un  severo limitante para la continuidad de una relación amistosa. Están los escépticos que no consentirán que haya amistad entre personas de diferente género.
A muchos les es difícil distinguir una relación tóxica de una amistad porque los enunciados clásicos nada dicen de cuánto hay que aguantar a un amigo en las malas (hay amigos que parecen no salir nunca de las malas, ¡son una mala andante!).
Están los que descreen de que pueda haber amistad entre familia porque ya se es familia y se olvidan que un hermano puede ser amigo; o una prima, amiga.
Este editor se ufana de tener amigos de a montones. Amigos a los que ves 26 años después y les devolvés un objeto que te habían encomendado. Amigos que conocés desde la infancia y que te conocen desde esa época (son los peores porque te tienen contadas todas las costillas).
También amigos nuevos, a los sumaste hace menos de una década. Amigos que viven en Jujuy o en Lugano (CABA) y que la distancia no ha logrado deteriorar. Amigas que fueron amigas después de haber sido un flechazo al corazón en la adolescencia.
Amigos con los que crecés, a quien hablás cuando necesitás llorar o compartir logros, amigos de fierro, amigos imprescindibles, amigos para siempre.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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