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Dar y recibir en primera persona

Dos testimonios que reflejan la vida después de la donación y el trasplante.

Por: Marianela Tabbia (De nuestra redacción)

Tomás Senderowicz tenía 18 años. Salió a bailar con sus amigos y a la salida fue atropellado por un auto, horas más tarde falleció producto del impacto. Este relato no termina en el trágico final de un joven sino que, en realidad, es el comienzo de una historia de amor y solidaridad. A punto de cumplirse diez años de aquella noche, su mamá, Mónica Bistoletti, relata cómo tomó la decisión de donar los órganos de su hijo. 
Desde que la carrera en los medios cruzó su camino con la donación y el trasplante, decidió realizar los trámites para ser donante y transmitió los valores a su familia. En 2007, la vida puso a prueba esos valores al confirmarse el estado vegetativo de Tomás tras el accidente. “Cuando me dieron el diagnóstico, a mí me salió espontáneamente el decir que somos donantes”, sostiene Mónica.
Al consultar con la familia, todos acompañaron la iniciativa. Los órganos de “Tomi” salvaron la vida de siete personas ya que para distintos pacientes se empleó el corazón, las córneas, riñones, hígado y los tejidos: en Buenos Aires, un hombre de 52 años recibió el corazón, una mujer de 60 años que vivía en Alta Gracia obtuvo el riñón y la córnea fue destinada a una nena de dos años, algunos de los receptores.
El Incucai (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) dos meses después, envió una carta agradeciendo el gesto y mencionando el destino de los órganos: “Fue muy emotivo, muy fuerte el saber que hay siete personas que tienen algo de él”. Mónica afirma que lo volvería hacer ya es una decisión que le trajo paz en medio del dolor. 
“Tomi era un tipo muy amoroso, bueno, querido y muy generoso así dar parte de su cuerpo hubiese sido su esencia, era lo normal en él (…) fue continuar con su amor”, resume su mamá. Para ella, donar órganos es un consuelo y una manera de ayudar al otro ya que nadie está exento de necesitar un trasplante. 

Otra oportunidad
Cuando tenía 35 años Edis Soldano fue diagnosticada con insuficiencia renal por lo que debió recurrir a diálisis para eliminar las toxinas del cuerpo. Desde ese momento ingresó a lista de espera para recibir un nuevo riñón. 
Al explorar las posibilidades de donación en su círculo cercano, su esposo no fue compatible y sus hijos eran muy pequeños por lo que dependía de alguna familia que tuviera el noble acto de ser donante.
Edis recuerda esos momentos: “uno está a la espera de que cada día suene el teléfono y te estén llamando, como me pasó en varias oportunidades que estaba en segundo o tercer puesto en la lista y de pronto lo recibía otra persona”. El órgano llegó a los siete meses y le permitió continuar su vida, siempre tomando las medicaciones correspondientes para acompañar el funcionamiento del organismo. 
Derribando mitos, afirma que en una semana ya fue dada de alta sin mayores complicaciones. Sin embargo, 13 años más tarde el riñón trasplantado comenzó a fallar por lo que nuevamente llegaron las diálisis y la angustia de la espera. Esta vez, la noticia tardó en llegar ya que Edis estuvo en la lista por siete años. 
A la hora de dar un mensaje a las familias que le salvaron la vida, sintetiza “agradecer y rezar por esa persona que falleció”. Luego de su doble trasplante Edis participa activamente en Fundayt Jesús María, con charlas y asesoramientos. A través de los encuentros sostiene que aún queda mucho por hacer para lograr la concientización: “creo que no hay la suficiente información, hay muchos miedos (…) es un tema tabú, la gente le cuesta preguntar”.
Dos historias, dos familias. Dos actos de amor plasmados en la oportunidad de seguir viviendo a través de una decisión repleta de amor y nobleza. 
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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