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Sólos y con poco trabajo a las familias sirias se les dificulta su estadía en nuestra zona

No existe un programa estatal para garantizar la estancia de las familias que vinieron entre diciembre y febrero desde Alepo, Siria. El idioma y la soledad son las otras barreras.

Desde hace menos de cinco meses, tres familias de origen sirio viven en Jesús María. Llegaron a nuestra zona por la generosidad de las familias Cresta, Velasco, y Poblete, quienes recibieron a los Alsuliman, Shammas, y Obari, respectivamente.
De esas tres familias, la Obari ya anunció su intención de retornar a su Alepo natal, después de conocerse que otros “paisanos” afincados en Pilar decidieron volverse, pese a que el escenario es el de una posguerra.
Entre el gobierno que encabeza Bashar al Assad desde 2000 y una facción de Estado Islámico (también conocido como Isis y que nacieron tras separarse de Al Qaeda) se desató una guerra que terminó con la conquista de varias ciudades sirias, entre ellas Alepo, por parte de los terroristas. El gobierno de Al Assad recién pudo recuperar esos territorios entre 2016 y este año.
Por lo tanto, los exiliados sirios que viven en nuestra región venían huyendo de los invasores y no de su gobierno, aunque este último sea cuestionado por la Liga Árabe y por los Estados Unidos y otros aliados.

¿Por qué Argentina?
En Alepo, el trabajo pastoral de un sacerdote tucumano devino en una intermediación solidaria: conectar a familias sirias que estaban cansadas de la gerra que llevaba casi seis años con familias argentinas que pudiesen recibirlos en sus hogares por un tiempo hasta que logren independizarse.
Al no tratarse de un programa oficial del gobierno nacional, el costo de los traslados fue asumido casi en su totalidad por las familias que los recibían y con aportes que esas familias conseguían de otras.
Para las familias sirias, que son extremadamente sociales, la acogida de las familias argentinas resultó buena y mala. Buena porque los sacaba del horror de la guerra, pero mala porque los tenía dispersos por todo el territorio nacional y sin posibilidades de mantener su espíritu social.
Por citar un ejemplo, hace poco arribó otra familia que es amiga de los Alsuliman y fueron a parar a Mendoza. Visitarse entre ellos será muy difícil por la distancia y por el costo del traslado. A ellos, que se juntan todo el tiempo, diariamente, que comparten cafés y charlas, la soledad les resulta amarga.

Cómo independizarse
Está claro que, sin trabajo permanente y estable, apartados de sus afectos y amistades, la estancia de las familias sirias de nuestra zona será dificilísima. La voluntad de quienes los recibieron sigue firme, pero los recursos que insume ayudarlos son onerosos. Hablando mal y pronto: van a necesitar que otros ayuden a ayudar. Hasta para ir a Córdoba los domingos y reunirse con otros “paisanos” y compartir su fe es difícil porque trasladarse hasta allá también insume un costo.
Hoy, por ejemplo, Tayseer Shammas trabaja en el estacionamiento medido de Jesús María y junto a su mujer, Rima, están vendiendo comida árabe a través de una página de facebook. Tienen cuatro hijos en edad escolar que no deben trabajar. Sostenerse económicamente es casi imposible.
De los Alsuliman, la mamá, Randa, hace trabajos de costuras, pero lo que ella hace circula boca a boca y no todos saben eso. De los hijos, el más pequeño Rogeh va a la escuela y los más grandes, Ibrahim y George, tienen trabajo dos días y una pasantía laboral, respectivamente. Con esos pocos ingresos tienen que pagar el alquiler de la casita en que viven y todos los servicios.
Urgen manos solidarias, intervención estatal, programas de ayuda. Hasta hacen falta personas que los ayuden a progresar en el aprendizaje del idioma español, conversando.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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