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Pasión por los fierros

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Coleccionistas locales de autos antiguos conformaron una asociación.

Por: Marianela Tabbia (De nuestra redacción)

Miércoles a la tarde, comienzan a llegar los entrevistados. La Plaza Nicolás Avellaneda se detiene por un momento en el tiempo convirtiéndose en un postal de otras épocas. Luis Olmos (66), Jorge Puiatti (59), Carlos Nanini (78) y Luis Masotti (71) estacionan sus joyas que cuidan con tanta pasión y esmero. 
En febrero de este año, el grupo de apasionados por los fierros formaron la Asociación de Autos Antiguos y Clásicos del Norte Cordobés. Si bien los encuentros ya se concretaban, decidieron firmar las actas para dar inicio formal al club.
En la actualidad 32 vehículos forman parte de la asociación, varios de ellos aún en restauración. Entre los socios se encuentran dos mujeres que, con sus Fiat 600, demuestran que el hobby no tiene género ni edades.
Los autos de colección deben tener dos características fundamentales: contar con una antigüedad de 30 años en adelante y mantener piezas originales en un 85%. De allí se desprende no sólo el valor económico sino también histórico. 
La asociación reúne numerosos vehículos, entre ellos Fiat 1500 y 1100, Ford Falcon, Chevy, Torino, Dodge, Escarabajo Volkswagen, camionetas y rastrojero. La marca Ford es la que más seguidores tiene y demuestra que, también en los fierreros, existe el fanatismo hacia un equipo u otro. “Es igual que en el fútbol, es Boca o River (...) pero es otro ambiente”, relata Masotti. Él es quien define risueño, su amor por la firma: “por acá corre sangre azul por el distintivo de Ford”. 
Los coleccionistas presentaron un proyecto en los municipios de la zona, de patente especial para autos antiguos ya que muchos ejemplares no cuentan con guiños, paragolpes, balizas ni cinturones, exigencias requeridas en la actualidad y que les permitirá circular sin tener que perder las características originales. La asociación será la encargada de aprobar los vehículos que pidan el permiso para asegurarse de que se cumplan los estatutos. 

Historia de un amor
Detrás de cada auto, hay un relato. Olmos, presidente de la asociación, posee un Ford T 1926, hasta ahora el más antiguo del grupo. Lo compró en Resistencia, Chaco durante 2012. Con su hijo Manuel invirtieron cuatro meses en restaurarlo pero no es su única “joya” ya que aún guarda otro vehículo de carreras. 
 “Mi historia con el Ford T es de nacimiento, mi papá era corredor”, recuerda. En los años 75’-76’ junto a Jorge Puiatti organizaban peñas automovilísticas para recaudar fondos y así solventar gastos de las carreras. Olmos rememora la época de oro de Tronco Pozo en donde existía un circuito que se utilizaba para disputar el campeonato provincial de Ford T. 
Por su parte Luis Masotti luce su Ford A coupe, modelo Roaster año 31. En 2015, viajó a Tucumán para adquirirlo y fue recién en la Fiesta de la Vendimia de este año que salió por primera vez a la calle luego de su restauración. Además, está trabajando también junto a su hijo en una camioneta Ford A 29. 
Al consultarte el porqué de su pasión, responde con una historia sacada de una película. A los 5 años, vivía con su familia al lado de un hombre mayor cuya hermana tenía un Ford 39 que lo dejaba guardado ahí ya que su casa estaba lejos de la ciudad. Solo se utilizaba una vez al mes, cuando esta mujer iba a cobrar y allí Luis lo miraba salir de la cochera, fascinado. Según sus palabras: “yo nací con un motor adentro, toda la vida me apasionó”.
El vicepresidente del club, Carlos Nanini es dueño de un Fiat 1500 Berlina mod 69. Logró comprárselo a una familia que lo tenía guardado en un galpón y tras siete años, lleva sumados 20 mil kilómetros. Nanini afirma: “toda la vida me gustaron los autos, desde chiquito”. Hoy divide su amor por los fierros en los autos antiguos y los torneos de regularidad. 
La competencia en regularidad tiene características particulares: no se trata de llegar primero a la meta sino que se debe cumplir con los recorridos en tiempos establecidos a una velocidad estable de 65-70 km/h. Durante todo el año, participa en competencias en diferentes lugares de la provincia y el país.  
Finalmente, Jorge Puiatti recorre las calles en un StudeBaker Cupe modelo Roaster año 27. Mecánico, de tres generaciones, sostiene que heredó el amor por los autos. Su primer vehículo, un Fiat 600, lo compró a los 16 años. En el año 1975, rescataría del total abandono al StudeBaker en Los Quebrachos, por algunos pesos. Su restauración llevó 35 años de trabajo: “tuve que hacer piezas originales copiadas desde internet, hechas a escala”. 
En el mundo sólo quedan siete autos de estas características, ya que fue una edición especial de la empresa StudeBaker en honor a Albert Erskine, el fallecido presidente de ese entonces. 
En la actualidad, Puiatti reforma tres autos más que muy pronto se incorporarán al club que se reúne los primeros martes de cada mes en el Rotary Club de Colonia Caroya.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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