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Adolescentes y autolesiones: un tema del que hay que hablar

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Por: Adriana Felici (Periodista, directora sección En Familia)

Si abordar el tema del suicidio es difícil, hablar de suicidio adolescente es durísimo. Pero aunque asuste, hay que hacerlo, porque en Argentina, en los últimos 20 años, la tasa de mortalidad por suicidio en niños y jóvenes de 10 a 19 años de edad creció considerablemente, a la par que se redujo en mayores de 55 años. Siempre, es fundamental hablar del tema.
Para eso recurrimos al área de Salud de la Municipalidad de Jesús María y al manual de capacitación en el Abordaje del Suicidio del Ministerio de Salud de la Nación (2014). La municipalidad trabaja con factores protectores de las conductas de riesgo (ver recuadro), y el citado manual -destinado a quienes trabajan en el tema- permite conocer las señales y acciones a tomar.

Mitos
Estadísticamente son las mujeres quienes más cometen intentos de suicidio, mientras que los varones lo consuman más.

  • Mito 1: “Las personas que hablan de suicidio no lo cometen”. La mayoría de suicidas advirtieron sus intenciones. 
  • Mito 2: “Los suicidas tienen toda la intención de morir”. La mayoría es ambivalente. 
  • Mito 3: “La mejoría después de una crisis significa que el riesgo de suicidio está superado”. Muchos suicidios ocurren en el período de mejoría, cuando la persona tiene toda la energía para convertir sus pensamientos en actos destructivos. 
  • Mito 4: “Los suicidios no pueden prevenirse”. En general es cierto, pero la mayoría es prevenible. 

Indicadores en adolescentes: 

  • Intentos previos, sobre todo si han sido silenciados por la familia. 
  • Fracaso escolar. 
  • Accidentes reiterados. 
  • Incomunicación o indiferencia familiar. 
  • Enfermedades mentales sin atención, o mal atendidas. 
  • Adicciones: juego compulsivo, alcohol, abuso de sustancias tóxicas.
  • Afección a las armas. 
  • Marginación social y aislamiento elegido o forzado. 
  • Amenazas a la dignidad: abusos sexuales, maltrato, bullyng.   
  • Depresión o desesperanza. 
  • Decepción. 
  • Culpa ante la imposibilidad de satisfacer algunas expectativas paternas. 
  • Antecedentes familiares de suicidio. 
  • Dificultades en la comunicación, tendencia al aislamiento. 
  • Cortes o golpes en el cuerpo. 
  • Ideas, fantasías o intentos previos. 
  • Considerar el suicidio como un acto heroico. 

Ante una situación de riesgo: 

  • Trate de usar su mejor capacidad de escuchar y comunicar. 
  • Confíe en sus percepciones sobre la posibilidad de que esa persona tenga una conducta autodestructiva. 
  • Sea directo, hable con sinceridad, pregunte si ha pensado en matarse. 
  • Bríndele sostén; aliéntelo para que hable sobre lo que piensa y siente.  
  • Permítale que se exprese libremente. 
  • No lo juzgue. 
  • Manténgase interesado en escuchar. No lo interrumpa. 
  • Siempre tome muy seriamente las ideas suicidas si se trata de un menor. Comuníquelo al adulto responsable. 
Qué NO hacer 
  • No dé consejos. 
  • No discuta con él. 
  • No lo ponga en una situación de reto o de desafío. 
  • No permita que le haga jurar mantener el secreto. 
  • No trate de arreglárselas solo con la situación. 
Y además:
  • Buscar ayuda en una organización especializada.  
  • Ámbito escolar: buscar un docente, profesor, directivo. 
  • Fuera de la escuela: hablar con los familiares. 
  • Si ya hubo o hay alguna acción de auto-daño acudir urgente a una guardia hospitalaria. 
  • Si la persona intenta suicidarse o se lastima y está en tratamiento por su salud mental, comunicarlo inmediatamente al profesional responsable. 

Los  jóvenes sienten que no son escuchados”
Se vincula el actual incremento en la tasa de suicidios adolescentes con las conductas de riesgo: alcoholizarse, conducir a gran velocidad o una moto sin casco, por ejemplo. El área de salud de la Municipalidad de Jesús María trabaja sobre el fortalecimiento de los factores protectores y no sobre la prohibición de las conductas de riesgo. “La prohibición y lo punitivo no funciona en los jóvenes”, dice la antropóloga Florencia Rolfo del área de salud e integrante del recientemente creado Grupo de Adolescentes promotores de Salud (Gaps). Rolfo señala que el joven naturalmente busca salirse de las normas, y que los adultos debemos brindarles otras salidas: un deporte, alguna expresión artística, centros de estudiantes escolares donde los chicos puedan hablar. “Es preciso habilitarles la palabra. En mi experiencia a nivel nacional, provincial y local, los jóvenes sienten que no están siendo escuchados. La comunicación entre pares y con adultos es fundamental para que vea que puede tener otras posibilidades”.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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