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Un día de verano en la vida de Ana Marxs

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Por: Arq. Agustina Patiño (Responsable del área de Patrimonio y  Paisaje Cultural del municipio de Jesús María - Con la colaboración de Analía Cortés, Carmen Moyano).

La Torre Céspedes ha sido motivo de relatos en varias ocasiones. Sin embargo, en esta ocasión la historia se cuenta diferente; jugamos a imaginar, a través de las actividades de Ana Marxs, cómo habría sido un día de esparcimiento en la propiedad en la que Gabriel Céspedes y su familia disfrutaron por tantos años de los veranos cordobeses.
Esta vez no vamos a describir detalladamente los espacios, sino que vamos a intentar imaginarlos y sentirlos, cargarlos de actividad, de los olores y sonidos que seguramente habrían llenado cada una de las salas.
Ana Marxs fue una institutriz inglesa que formó parte de la vida de los Céspedes desde muy temprana edad. Su sencillo dormitorio se encontraba en la sala noreste, en la planta baja de la Torre.
Los invitamos ahora a ponerse cómodos, taza de té en mano si gustan, para trasladarnos a la Jesús María del s. XIX, en pleno auge de las villas veraniegas y los escenarios sociales de privilegio.
Jesús María, 16 de febrero de 1899. 
La habitación de Ana era una de las primeras en recibir los rayos del sol, a la mañana bien temprano. Gracias a los árboles de alrededor, la luz que se filtraba era suave y apenas cálida.
Minutos después del desayuno, Ana recibió en la Torre a los más pequeños de la casa. Entre animadas charlas subieron la escalera hasta llegar a la biblioteca. Cada paso marcaba un ritmo particular, chocando con los peldaños de pino tea una y otra vez. 
La biblioteca estaba repleta de los libros más variados e interesantes (clásicos españoles, episodios nacionales y literatura universal, entre otros). Después de elegir un par de ejemplares, descendieron hacia la Sala de los Ríos para proceder a la lectura diaria.  
Este espacio, sobre todo para Ana, tenía un atractivo particular; las paredes se encontraban cubiertas de pinturas que mostraban los ríos y montañas más significativas de Europa y aquello, inevitablemente, le producía cierta nostalgia de su continente natal.
Llegado el mediodía se empezó a sentir el tintineo de platos y copas mientras se preparaba la mesa para el almuerzo. Debajo de la escalera se encontraba la despensa y algunos muebles de guardado, con lo que se hacía mucho más cómodo preparar el comedor.
Ya avanzada la tarde, los más pequeños salieron al jardín a corretear entre la sombra de los árboles y palmeras. Desde el interior de la Torre, Ana escuchaba cómo charlaban con el jardinero acerca del cuidado y amor que se le debe brindar a las violetas que crecen bajo los pinos.
Era muy común en la familia recibir visitas a la hora del té y aquel día no fue diferente; mientras Don Gabriel y los demás caballeros jugaban al billar en la planta alta, Doña María tomaba el té con amigas en la Sala Japonesa.
Ana, aprovechando que todos estaban en actividad, subió a la terraza para distenderse algunos minutos. Desde allí podía ver el río, la Estancia y, no mucho más allá, el imponente cordón de las Sierras Chicas. Contemplar el atardecer era una de sus actividades favoritas.
Cuando bajaba por la escalera se cruzó con Don Gabriel, quien salía justo de la sala de revelado con una de sus últimas fotografías en la mano.
Al contarle a Don Gabriel sobre la postal que acababa de divisar éste se sintió inspirado; “Mi próxima fotografía debería ser del atardecer, ¿no cree?”
En el año 2006 se firmó entre Municipalidad y Club Social un convenio de uso, que tenía como finalidad la preservación de la Torre, evitar su deterioro y concretar su puesta en valor para el disfrute de vecinos y visitantes.
Se incluyó más allá del uso de la Torre, la vereda circundante, la fuente circular que se encuentra en el jardín, los baños subterráneos y los muebles existentes.
Si bien una parte del mobiliario permanece en manos de la familia Céspedes, quienes visiten la Torre podrán contemplar una mesa de juego de 1889, otra mesa de juego hexagonal, 4 jamugas árabes en madera tallada, plegables y con respaldar de cuero y dos chez longue semi circulares, especialmente fabricados para la casa en 1888.
Otros muebles, como varias jamugas y la mesa que completa el juego original de comedor (la cual cuenta con las iniciales de Don Gabriel, detalles en mayólicas iguales a las existentes en las paredes y una talla con la fecha de construcción en 1833) se encuentran bajo propiedad privada dentro del edificio del Club Social.
Para saber más: Calle Cástulo Peña esq. Colón, de martes a domingo de 9 a 12 y de 15 a 19.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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2016. Año VIII.
Año Ocho.
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