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Maternar en tribu

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Por: Gimena Bordas (Lic en Psicología, formada en Preparación Integral para la maternidad. Actualmente coordina varios espacios para mujeres, madres y niños)

Hace casi dos años nació Bahía y me convertí en madre. Los primeros días no fueron fáciles, quedé en estado de shock, como recién venida a este planeta. Entendí bien rápido que los bebes no eran cosa tan fácil como parece en las publicidades de pañales o yogures, y que si quería vivirlo a mi manera tendría que abrir mi percepción y empezar a descifrar que es lo que esta pequeña maravilla me expresaba y que me pasaba a mí con ella.
Con la lactancia, los pañales y el sueño nocturno anduve bastante bien, pero rapidísimo empecé a sentir que 8-9 o a veces 10 horas sola con mi bebé me hacían sentir desesperada.
No estaba loca: los seres humanos somos mamíferos y estamos biológicamente diseñados para vivir en tribus, en aldeas, en comunidad. Nosotros los adultos ya estamos muy curtidos, nos adaptamos más o menos bien (sacrificando un poco nuestra salud) a las exigencias de vivir en una ciudad en este mundo globalizado: cada uno en su vida, individualismo, rutinas rígidas, espacios peligrosos y hostiles con la infancia que favorecen al aislamiento.
Pero quienes más sufren esta falta de aldea y pertenencia a una tribu son los bebés y  los niños, que necesitan y reclaman la atención que debería dar una tribu entera a solo dos personas. ¡Y aunque sea de lo más común en nuestra sociedad, esto es una locura!;  apenas nace y los padres vuelven a casa empiezan a sentir esa ausencia (con más o menos conciencia) y todos entramos en un periodo complejo para vivirlo solos.
El inicio de la vida es muy importante para el ser humano recién llegado y está bueno que esta relación que durará toda la vida empiece bien (porque de este periodo dependerá en gran parte su capacidad para ser una persona feliz). ¡Las mamás no deberían estar solas durante su puerperio, es un momento de tanta vulnerabilidad, su vida ha cambiado para siempre! Por suerte algunos tenemos un faro que nos ilumina cuando estamos flotando en el mar del puerperio, leche, noches sin sueño, mundo sin tiempos.
Las madres que están acompañadas y contenidas, están más disponibles para sus hijos, tienen más herramientas para nutrirlos emocionalmente, están más felices.
La ma-paternidad es una experiencia arrolladora y vivirla con conciencia de lo que verdaderamente ES nos abre nuevas posibilidades, es una nueva oportunidad de sanar y crecer. ¡Nuestros hijos necesitan padres felices, y nosotros, merecemos serlo!
Hay que organizarse y juntarse, armar la propia manada, buscarse una red de madres y padres, tomar unos mates juntos mientras das la teta o los niños juegan y poder conversar con otros adultos que están pasando por lo mismo es valiosísimo, intercambiar información (¡desmitificada y moderna!) y así poder escapar de los lugares que no nos tratan bien y dan una lista de consejos que no hemos pedido.
El tip infalible de la maternidad es: armar tribu, para crear un mundo más amable con los niños. Mamás felices, niños de luz.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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