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“Dicen que el Paraíso está en Oriente… pero para mí que está acá”

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Conocemos a una nueva familia siria que se llegó a Jesús María hace poco más de un mes.

Por: Adriana Felici (Periodista, directora de En Familia)

Son más de 12.000 kilómetros los que separan a la familia Shammas de su Siria natal; pero no son más de 300 metros los que deben caminar para visitar a sus compatriotas, los Alsuliman, quienes hallaron “su lugar en el mundo” en casa de la familia Cresta. Ellos fueron los primeros en llegar a Jesús María, y ahora, desde hace menos de un mes, los Shammas se alojan en lo de Analía Cresta (hermana de Horacio) y Diego Velasco.
La ecuación es simple: ambas familias decidieron plasmar su vocación solidaria recibiendo en sus hogares a refugiados sirios que huyen del horror de un Alepo signado por el miedo y la incertidumbre. Aquí la historia de los Shammas; una historia que, sin duda, recomienza en Argentina.

Un bien inexistente
Como todos sus coterráneos, Rima Makdisi (38), Tayseer Shammas (45) y sus cuatro hijos George (14), Jessica (13), Julia (11) y Jack (apenas 6) vinieron en busca de un bien inexistente en Alepo: paz. “Teníamos bombardeos todos los días. Bajábamos al sótano cuarenta o cincuenta veces por día… y cuando salíamos a hacer alguna compra no veíamos la hora de volver a casa. Poco antes de venirnos vivimos el peor bombardeo de todos. Fue terrible, no sabíamos adónde ir… salíamos a la calle, bajábamos al sótano… Mucho miedo”.
Nada era sencillo para los Shammas: Tayseer había perdido su trabajo, sólo tenían un par de horas diarias de electricidad (generador mediante), no había gas, los chicos tomaban clases en la Iglesia, conseguir alimentos era una odisea.
  Si bien es profesor de lengua árabe, por cuestiones económicas el jefe de familia trabajaba en una industria como controlador de stock, hasta que la guerra lo dejó cesante. Él es el único que habla algo de inglés, por lo que esta entrevista se hizo con la ayuda de una voluntariosa y desinteresada intérprete local: Patricia Yamati. Como toque simpático, vale decir que la larga conversación que mantuvimos se pareció bastante a una Babel: a veces Tayseer se dirigía en inglés a la intérprete de árabe (que no sabe una gota de inglés)… otras nos hablaba en árabe a los cronistas (que nos declaramos decididamente ignorantes de esa lengua), y otras veces nos ayudaba Analía Cresta que, si bien tampoco habla árabe, nos llevaba algo de ventaja interpretando gestos.
¿Qué sabían los Shammas de Argentina antes de venir? La respuesta es rotunda: “Nada”. ¿Y por qué Argentina?, les preguntamos. “Porque el sacerdote que nos facilitó los trámites para emigrar era argentino”, resumen. Y nos cuentan que recurrieron a Google para saber algo de nuestro país, y el joven George también se metió en internet para aprender algunas palabras de español. “Llegaron un martes, y el jueves Tayseer nos dijo «Quiero trabajar». Nuestra respuesta fue que para eso primero tenían que aprender español, así es los seis viajan todos los días a Córdoba, junto a los Asuliman, para estudiar el idioma”, nos cuenta Analía.
Los esfuerzos que hacen por hablar nuestro idioma son evidentes: nos dicen “hola” cuando llegamos, durante la entrevista intentan nombrar algunas cosas en español; en un español que en breve seguramente se transformará en un “cordobés auténtico”, sobre todo cuando los chicos empiecen la escuela. Todos, merced a la intervención de la Mesa Siria en Argentina, cursarán en el Seminario Menor.

Malos recuerdos
Llegar a nuestro país tampoco fue sencillo para los Shammas. Es que para los sirios, rechazados en la mayor parte del continente europeo, no se trata simplemente de “venir”. Salieron de Alepo el 14 de enero, y en el vuelo desde Líbano hacia Roma los hicieron bajar porque no tenían visa: “Íbamos a estar sólo dos horas en Roma, siempre dentro del aeropuerto, y sin embargo nos pedían visado… Afortunadamente de todo se hizo cargo la embajada argentina”, señalan, aclarando que tocaron suelo cordobés recién el 31 de enero.
De la comida argentina que probaron hasta ahora, les gusta “todo”, pero además, como trajeron condimentos -muy aromáticos y tentadores por cierto- cada vez que puede Rima trata de incursionar con sus propias recetas en la cocina de los Velasco; seguramente ésta es su manera de abrir su corazón a esos otros corazones tan generosos que los cobijan en su casa sin condiciones. Al preguntarle por qué lo hacen, Analía no duda: “¿Por qué? Por solidaridad y cristianismo. Tenemos vocación de familia”.
Hacia el final de la entrevista la pregunta es inevitable: ¿Volverían a Alepo si terminara la guerra? Los Shammas no dudan ni se consultan entre ellos: “De ninguna manera. Allá casi no tenemos familia. Lo único que nos dejó Alepo son malos recuerdos. Aquí nos sentimos libres, mientras que allá a lo único que podíamos aspirar era a sobrevivir. Pensar -reflexiona Tayseer con cierta nostalgia y otro tanto de esperanza- que dicen que el Paraíso está en Oriente… Pero para mí que está acá”.

N de la R: Agradecemos la desinteresada colaboración de Patricia Yamati como intérprete de árabe en esta entrevista.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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Año Ocho.
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