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Respetar hasta lo que no nos gusta

La reciente visita de Mauricio Macri a Jesús María desató en las redes todo tipo de comentarios que muestran lo amplia que sigue siendo la “grieta” entre nosotros.

Inflación del 40 por ciento, suba de los servicios esenciales (combustible, gas natural, energía eléctrica), desvalorización del salario, incumplimiento de la promesa de eliminar el impuesto a las ganancias a la clase trabajadora, quita de retenciones a los poderosos, endeudamiento público con niveles históricos. Hay suficientes razones como para estar alertas, inquietos y preocupados con la gestión que lleva adelante el ingeniero Mauricio Macri en un año y medio.
Sin embargo, su llegada a la edición 52 del Festival de Doma y Folklore fue acompañada por una ovación que bajó desde las tribunas en la noche del lleno que generó Abel Pintos y su pop romántico. Claramente, la ovación la brindó gente a la que parece no haberle afectado la enumeración con la que comenzamos esta reflexión.
Y hay que ser respetuosos de esa posición, en un país donde nos habíamos acostumbrado a denostar al otro por pensar en contrario, a tachar al otro por opinar distinto, a increpar al otro por tener ideas políticas cercanas a la “derecha”, como si la derecha hubiese dejado de gobernar los “números” en cualquier país del mundo.
Nadie duda de que la visita de un presidente de la Nación prestigia a una ciudad y a su evento cultural más importante. Es una muestra de reconocimiento, de valoración, y de acompañamiento que no puede ser ninguneado.
Y más allá de alguna sobreactuación de popularidad (como “clavarse” un choripán al ingresar al predio), lo que hizo y dijo Macri en el anfiteatro José Hernández califica como gesto de buena voluntad dentro de un marco de corrección política que hasta pareció guionado.
Poco importa, en este análisis, lo que hizo, no hizo, o dejó de hacer la anterior presidenta, o lo que pudo haber hecho si hubiese estado aquí alguna vez. Pero esa antinomia volvió a ganar esta semana las redes sociales, donde floreció la intolerancia y se demostró que la “grieta” está bien intacta.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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