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Ezequiel González: El bosque es fuente de insectos beneficiosos para los cultivos

Fuente: La Voz del Interior, 15/01

Lleva años dedicado a un “trabajo hormiga” del que poco se sabe. Apasionado por la ciencia y con mención de honor en la Universidad Nacional de Córdoba, Ezequiel González busca traducir en palabras sencillas los resultados que son producto de madrugar, de invertir horas sobre lupas estereoscópicas, tiempo de lectura y análisis de datos.

“Encontramos que a medida que se pierde bosque, se pierden especies de insectos y esto al ­mismo tiempo trae aparejado pérdidas en los distintos roles que cumplen en el ecosistema”, ­explica.
González estudia cómo impacta la fragmentación de los bosques en la diversidad de insectos y forma parte del grupo que trabaja en el Centro de Investigaciones Entomológicas de Córdoba, liderado por Graciela Valladares.
Desde hace casi 15 años, abordan la temática de la fragmentación de hábitat, utilizando como modelo el bosque serrano. En su tesis doctoral estudió cómo los insectos se intercambian o se mueven entre los bosques y los cultivos adyacentes a estos pulmones verdes. “Mi idea era mostrar que el bosque es una fuente de insectos benéficos para el cultivo. En general, cuando uno habla de un insecto se piensa en bichos, en plagas y en pérdidas para el cultivo. Pero en realidad, de la cantidad de especies que existen, que hay más de un millón, un número muy bajo son plagas. El resto tiene otras funciones que son de suma importancia”, aclara.
¿Por qué es valioso estudiar estos comportamientos? Ezequiel echa luz sobre un concepto clave: los servicios ambientales, que son los beneficios que las poblaciones humanas obtienen de los ecosistemas. “Entre esos beneficios, algunos los proveen los insectos, como la polinización de los cultivos, el reciclaje de nutrientes y el control de plagas”, repasa.

Enemigos naturales
Dentro del marco de sus investigaciones, a partir de trampas que capturaron bichos en movimiento en los bosques de la estancia Santo Domingo en Río Ceballos, registraron unas 1.400 especies.
“Es un número impresionante, no imaginamos que sería tan alto. En una ventana imaginaria de un metro cuadrado de bosque, por semana se movilizaron hasta 5.500 insectos. Algunos son enemigos naturales porque consumen las plagas. Hay dos grupos particulares que son los predadores y los parasitoides, que cambian en función de la forma en que consumen esas plagas” explica.
Los estudios, que duraron cerca de tres años, se hicieron sobre campos de soja cercanos a los bosques. “Hoy existe una visión de los cultivos como ambientes estériles y en realidad no es así. Está lleno de insectos y de organismos como hongos, bacterias y otros grupos que son importantes para regular el ambiente. Cuando se hace un uso excesivo de agroquímicos se pierde un montón y es difícil de recuperar”, alerta.
Avalado por sus hallazgos y con la humildad que atraviesa todo su relato, defiende la conservación de los pulmones verdes de la provincia y suma otros motivos: “Más allá de los insectos, los bosques son fundamentales para regular el clima, controlar las sequías e inundaciones, purificar el agua, capturar dióxido de carbono que contribuye a frenar el cambio climático. Además, tienen un valor estético como paisajes, por lo que también son importantes para el turismo y la recreación”.
Ezequiel González nació en el sur argentino y desde chico los insectos le llamaron la atención. Algunos de sus trabajos se han publicado en revistas extranjeras específicas de entomología como Insect Science, o Insect ­conservation and diversity, entre otras.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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