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El 52º Festival ya está en marcha y espera multitudes

Aunque tuvo una performance impecable desde lo vocal, Patricia Sosa no movió el estadiómetro en la jornada inaugural del Festival de Doma. Mejoró con la noche santiagueña y con Los Rojas.

Juzgar un Festival de Doma y Folklore por la convocatoria de la primera noche es temerario o, cuando menos, apresurado. Porque la primera noche de la edición 52º, que tuvo como artista estelar a Patricia Sosa, logró cortar por boleterías menos de cinco mil tickets.
Lo mejor será señalar que se trató de una previa y que lo mejor está por venir con muchos números fuertes, con aniversarios redondos, y con el mes de enero avanzado. La inauguración fue muy cinco de enero y no todos cobraron su remuneración a esa altura. Es más, muchos tienen atragantados los confites y turrones de fin de año.
De los festivales recientes, la taquilla del jueves estuvo entre las más flojas, aunque hubo un peor comienzo: fue durante la edición 37 cuando se cortaron apenas 2733 tickets, mil por debajo de lo que se cortó ahora.
Pero más allá del discreto marco de público, el Festival cumplió en poner en escena sus novedades y de presentar un espectáculo digno, aunque sin figuras rutilantes, más allá del debut en escena de Patricia Sosa.
Para los locales, fue momento de presenciar el debut en el escenario de la nueva “maestra de ceremonias”, “animadora”, “conductora”, “locutora oficial” Natalia Balverdi, quien logró sortear los nervios y se la vio con un aplomo inusual para una debutante en un espacio que muy pocas veces fue ocupado por una mujer.
Volviendo a la noche inaugural, el primer momento grato lo aportaron los integrantes del escuadrón a caballo de la Policía de Córdoba mostrando la mansedumbre de los caballos. Después, vendría la banda de la Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional y su acostumbrado popurrí de canciones populares.
El rito del ingreso de los campeones, de las delegaciones, de los abanderados (se sumaron las 9 escuelas apadrinadas este año) se cumplió a la perfección.
Y el presidente de la comisión directiva, Nicolás Tottis, fue prolijo y conciso en el discurso de inauguración de la edición en la que rescató: “Somos un grupo de personas que ofrece su tiempo, movilizados por la solidaridad, el altruismo, y el amor al prójimo. Trabajamos  todo el año para ofrecerle al país y al mundo esta celebración de profunda argentinidad”.
Y agregó: “Recorremos la senda que nuestros antecesores abrieron hace 52 ediciones, queremos dejar una huella, una palabra, una visión sellada en la vida de los niños que reciben los frutos de nuestra tarea y los beneficios del festival”.
“Con fervor defendemos y promovemos los valores de nuestra tradición y sobre estos pilares señalamos el camino a quienes oportunamente legaremos las riendas de esta fiesta”, completó en otro tramo del discurso.

El cuadro inaugural
Las comparaciones son odiosas, pero necesarias. Al gigantesco cuadro inaugural, con más de 1200 bailarines de todas las latitudes, es inevitable compararlo con el de la edición anterior. Y en esa comparación, el cuadro de este año pierde porque fue menos fluido, más lento, y menos impactante. De hecho, los animadores desde el escenario tuvieron que hacer una previa eterna desde el escenario hasta que todos se acomodaron en el campo de la jineteada.

Suave y profundo
Momentos antes de subir a escena, Patricia Sosa confesó en conferencia de prensa: “No soy folklorista, pero tengo raíces folklóricas, fui la cantante del maestro Ariel Ramírez durante dos años, canté la Misa Criolla en el Vaticano así que tengo espalda para sostenerlo”.
Y la cantante que fluctuó su carrera entre el rock, el pop, y las baladas románticas brindó un espectáculo impecable des-de lo vocal, acompañada por una banda sólida, y repasando los grandes éxitos de su carrera, sin esquivar uno. ¿Las perlitas? Sus versiones de Juana Azurduy y de Alfonsina y el mar, lo más folk de su repertorio
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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