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Ruralistas piden opinar sobre la nueva ley de bosques

A contramano de lo que ocurrió en 2009, cuando se levantaron de la mesa de discusión, esta vez decidieron participar con propuestas que merecieron reparos de grupos ambientales.

El resquemor de los grupos ecologistas tiene razones más que fundadas: Si hubo en Córdoba 12 millones de hectáreas de bosque nativo en algún momento y hoy quedan cuatro, o tres, o dos y medio millones de hectáreas fue por el avance de la agricultura y, en mucho menor medida, de la ganadería.
La sojización en Córdoba avanzó hasta donde pudo y barrió con todo lo que había antes de ella. Los incendios forestales hicieron otro tanto.
Y si en 2009 declinaron de participar en la discusión, esta vez sentaron en una mesa a profesionales vinculados a Cartez y a sus sociedades rurales asociadas y elaboraron un documento técnico, documentado, con su visión sobre el problema.
 El informe contó con la particiación de los ingenieros agrónomos Ula Karlin, Horacio Valdez, Gabriel De Raedemaeker, Pablo Lozano, Marcelo Romero, Carlos Arnold,  además de productores vinculados al Grupo Río Seco, la estudiante de Biología Valentina Fortunato, y el licenciado Fernando Merino.
El punto de partida se contrapone a los grupos ambientalistas. Para Cartez, no hay evidencia científica de que haya que resguardar 4 millones de héctareas  (en realidad, los 2,4 millones que se “pintaron” en zona roja) porque en el Ordenamiento vigente “no se indica en detalle qué criterios se utilizaron para la conformación del mapa de ordenamiento, cómo fueron valorados y ponderados y cuál fue la metodología implementada. Esto resulta confuso y no permite saber el real estado de los recursos”.
Además, advierten que Córdoba ni siquiera pudo ponerse de acuerdo con las provincias limítrofes, ni siquiera con las que conforman la misma ecorregión.
“Actualmente en la provincia tenemos bajo la categoría roja grandes áreas con potencial productivo que, por lo tanto, no pueden ser aprovechadas. La alternativa en la región es manejar los bosques con compromiso entre conservación y desarrollo económico”, aseguran en el documento, pero ese aprovechamiento que se pide es el que enciende la alarma en los que no quieren que se toque ni una hectárea más de bosque.
Y aquí la otra gran diferencia: mientras que los ecologistas aseguran que muchos arbustales y fachinales tienen la potencialidad de volver a ser bosques nativos, los ruralistas creen que eso solamente va a ser posible con planes de manejos de esos territorios con altos niveles de degradación, es decir, con la intervención del hombre.
Para eso se piensa en un rolado de baja intensidad, en poda manual, en uso de agroquímicos para casos puntuales, en la implantación de pasturas nativas. Lo que equivale a que puedan ingresar con ganadería en esas fracciones de bosque para que los animales mejoren su nutrición, eleven los porcentajes de preñez, y generen mayores recursos económicos para centenares de familias que vienen migrando desde los campos en el norte y noroeste de Córdoba hacia la ciudad.
“La combinación integral de acciones de manejo sustentable tienen que tender a generar mosaicos de usos de la tierra que sean en su conjunto resilientes al efecto de las fuerzas exógenas de cambio o degradación con el fin de logar paisajes sustentables”, añade el documento que se presentó ante los legisladores. Y suman: “Estos mosaicos de uso de la tierra consisten generalmente en la combinación de una matriz de bosques en buen estado de conservación, acompañada de parches con bosques secundarios y pequeños desmontes de manejo”.
La propuesta es que muchas zonas degradadas que hoy están en rojo (no se pueden intervenir) pasen a amarillo donde pueda haber planes de manejo.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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