En foco
Pin It

Widgets

El “nido vacío”: cómo superar esta etapa

Tal vez te interese

Por: Adriana Felici (Periodista)

“La expresión es perfecta: sentís un vacío cuando el último hijo se va de casa”, reflexiona Paula R. (61): “De pronto -dice- no sabía qué hacer con el tiempo que me sobraba. Cuando partió el mayor no me sentí mal porque me quedaba la más chica, pero cuando ella decidió irse a vivir sola, se me movió el piso. Los primeros meses fueron duros; no encontraba nada para hacer. Sólo tenía que cocinar para mi marido y para mí, la casa no se ensuciaba tanto, había poca ropa para lavar… ¿Qué hacer con esas horas muertas? Pero un día decidí dejar de auto- compadecerme y pensé en todo lo que siempre había querido hacer y no había hecho por falta de tiempo. Hoy veo que nos cuesta aceptar la partida de nuestros hijos porque no sabemos tomarla como una parte más de la vida, y porque cometemos el error de no ocuparnos más de nosotras mismas mientras son chicos”.

Hacerla corta
Es una sensación indefinible: desazón, tristeza, melancolía, soledad, abandono, inutilidad… A lo que pueden sumarse irritabilidad, fatiga, insomnio, y hasta enfermedades.
Esto puede agravarse cuando el nido vacío coincide con la menopausia, andropausia, o la jubilación.  Pero en realidad, el “nido vacío” no es más que -como dice Paula- una etapa de la vida. Emilia G. (72) cuenta su experiencia: “Mis tres hijos se fueron a vivir al exterior a los 22 años. Con el primero fue el cimbronazo: iba a su cuarto y lloraba como una tarada. Hasta que dije basta. Guardé sus cosas y ocupé el cuarto para otros fines. Cuando se fue mi hija, la imagen de verla subir la escalera de embarque me quedó grabada para siempre, y cuando partió el más chico, lo despedí en casa. La hice corta. Con cada experiencia me hice más fuerte; entendí que hay que dejarlos volar sin apego ni culpa. De eso se trata la vida. Sólo es cuestión de aceptar la realidad en todos los órdenes de la vida. El que entiende eso, vive en paz”.
La independencia filial es un gran cambio. Y como tal requiere de adaptación. No hay fórmulas universales: a algunos les puede llevar tiempo elaborarlo, y otros lo lograrán antes. Algo fundamental a tomar en cuenta es que la partida de los hijos (aunque sea al extranjero) no significa el fin de la relación sino una modificación de la misma. La relación se transforma pero no por eso perderá calidad; sobre todo si en lugar de llorar la ausencia realimentamos el vínculo.
A Laura P. (53) el nido vacío la encontró en una situación muy difícil: después de dos intervenciones quirúrgicas delicadas y de que su marido se fuera, se encontró sola: “Un día me di cuenta que en el baño no estaba más el cepillo de dientes de mi hijo y caí en una depresión terrible. Pero -recuerda- hice terapia y me pude ir sobreponiendo. Cuando no se puede sola, hay que buscar ayuda”. Silvia M. (58) tuvo una experiencia similar: casi al mismo tiempo tuvo que afrontar la muerte de su esposo. “Ante estas situaciones lo mejor es buscar ayuda profesional. Siempre superé  las situaciones difíciles con un despliegue de técnicas, estrategias y terapias. Cada uno tiene que encontrar la que mejor lo ayude”.

Crecimiento
Eso de que «toda crisis es crecimiento» no suele ser de mucho consuelo; es cierto. Pero ante una situación límite uno puede elegir entre dos caminos: sentarse a llorar o luchar por salir adelante; entregarse o apostar al crecimiento personal.
La independencia filial deja tiempo libre para colmar con cosas que den satisfacciones personales: estudios postergados, un trabajo manual, actividad física, un emprendimiento propio… ¡hay tanto para hacer!

La pareja
¿Y qué pasa en esta etapa con la pareja? “No fue fácil reencontrarnos con mi esposa cuando nuestros hijos hicieron su vida -cuenta Pablo (67). Nos sentíamos raros… Nos costaba comunicarnos si no era hablando de ellos… La que peor la pasó fue a mi mujer porque había dedicado su vida a criarlos. Pero un día lo charlamos y empezaron a surgir nuevas alternativas: actividades para ella, y otras para compartir sin el compromiso de los hijos. Cuando redefinimos nuestra relación, todo cambió para mejor”, dice Pablo.
En síntesis, esta etapa exige una reconstrucción: la de uno mismo como persona, la de la relación con los hijos, y la del vínculo con la pareja, si la hay. O sea: otra etapa de la vida para superar. Y, aunque suene un poco egoísta, una etapa también para descubrirle ventajas. Todo, siempre, tiene al menos dos miradas.


Autor
Claudio Jose Minoldo

Blog de Interes, recomiendanos

No hay comentarios :

Leave a Reply

Contacto

Contacto

Alojamiento en Jesús María

Primer Día

2016. Año VIII.
Año Ocho.
Hecho en Jesús María, Córdoba (Argentina)
Todos los derechos reservados.
Las opiniones emitidas no necesariamente reflejan las opiniones o posiciones de los administradores de Semanario Primer Día.

Seguidores

Archivo del blog

Nuestra misión es dar a conocer nuestros servicios gratis Ayudadeblogger.com