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Un vecino de Jesús María, primer diputado comunista de la historia

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Miguel Burgas pasó su adolescencia y juventud en esta ciudad.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra redacción)

Las calles de Jesús María tenían entonces otro aspecto, otro color. Sus habitantes también. Los temas cotidianos eran bien otros. Las discusiones pasaban por urgencias sensiblemente distintas a las de hoy. Hace alrededor de un siglo, un joven vecino profundizaba en lecturas socialistas apadrinado por un sastre y por un zapatero para dar sustento a su impulso político. Sus años en la zona fueron clave para que en 1924 se convirtiera en el primer diputado comunista de Argentina y de América. Miguel Burgas dejó una huella en las corrientes políticas de izquierda nacional, pero poco se sabe de él por estas tierras.   

Un sastre y un zapatero 
Una familia catalana llega a Buenos Aires. Son tiempos de inmigración europea a granel por este lado del Atlántico. La pareja de José Burgas y Ángela Bergez se la rebusca: él como carpintero y ella como planchadora. Con sus hijos a cuestas deciden dejar el barrio de San Telmo por otra geografía: Catamarca es el destino y explotar un hotel, la misión. Ahí se afincan, permanecen algunos años. El rubro hotelero parece ser en el que mejor se mueven. Es en 1909 cuando recalan en Jesús María, entonces una parada obligada entre la capital de Córdoba y el norte.  Con Miguel, su hijo de 18 años entonces y los otros miembros de la familia, se hacen cargo del ‘Hotel del Plata’ (Colón y Tucumán), el céntrico y principal alojamiento de la zona en esos días. 
El joven Miguel ya había abrevado en algunas lecturas anarquistas en su adolescencia catamarqueña. Pero es aquí donde el día a día con el sastre Santerini y con ‘Dón Pafún’, un zapatero, lo lleva a leer, discutir y pensar en ese faro político que es el socialismo. Acceder al periódico La Vanguardia, vincularse con el centro socialista de Jesús María van marcando sus días. En 1917 da un paso formal y decide afiliarse al partido. La historia con ese sector no terminaría tan bien. Al disputar las internas, su grupo ganaría dando origen a una ruptura del espacio. Ya adscripto a una mirada más internacionalista, Burgas daría vida al enclave local del Partido Comunista de Córdoba, en la casa de otro sastre, de apellido Dalsotto. 

Romper estructuras 
“Juro por mi honor defender esta banca de diputado”, dice el joven comunista, en medio de un ámbito creado por y para los partidos burgueses de la provincia. Su sola presencia ya irrita a los dueños del poder. “Debe jurar por la patria”, le exigen las autoridades legislativas amenazando con no entregar el cargo obtenido por el voto popular, y marcando quiénes mandan allí entonces. Burgas cede. Ocupar ese espacio es entonces para el partido la mejor propaganda. Es 1924, y Jesús María acaba de parir a quien décadas después los libros de historia señalan como el primer diputado comunista de Argentina y probablemente de América Latina.  No era algo menor. Así se lo hacen sentir los sectores que se negaban a cualquier propuesta de raíz obrera. Dice el diario ‘Los Principios’: “¿Puede un comunista ser diputado a la Legislatura de Córdoba? ¿Pueden los secuaces de Lenin ostentar un puesto público en la Provincia?”. 
Burgas llega para romper estructuras. Desde su banca, donde impulsa legislación a favor de las masas de peones rurales, mira fijo a sus pares, los interpela, les dice palabras que no acostumbran a escuchar. “La única fatalidad que pesa y seguirá pesando sobre los obreros rurales para que ellos no se decidan a hacer valer sus derechos, es la explotación capitalista, el sistema de la propiedad privada. Este sistema hace que aquellos que todo lo producen carezcan de las cosas más indispensables para la vida, mientras los parásitos disfruten de todos los privilegios”. Burgas se convierte en referencia de las campañas comunistas en toda la provincia, donde el PCC busca disputar municipios y comunas. Éxitos en Cañada Verde, General Roca y Las Varillas muestran un estado de efervescencia obrerista. 
Este joven político es inquieto, se reinventa, no se abraza al éxito del momento. En 1928 regresa a Buenos Aires, coherente con su prédica no busca afincarse en la burocracia político-estatal. Se emplea como obrero gráfico y luego como albañil. Durante la Década Infame purga cárcel una y otra vez. La vida calma de Jesús María quedó demasiado lejos. Ahora es un referente y activo impulsor de huelgas obreras en escenarios represivos por demás difíciles. Su itinerario continúa por la Guerra Civil española, como parte de las brigadas internacionales solidarias que cooperan con los defensores de la República. Algunos años más tarde regresa al país; como otros comunistas, es perseguido por el peronismo, incluso sufre la cárcel. Su militancia se conserva intacta, la reinventa a cada momento, ahora como director de una universidad popular obrera. Sus rastros, finalmente se perderán en Brasil, en 1980, lejos de estas tierras del norte cordobés en donde pasó años de aprender y pensar que una sociedad más igualitaria es posible.  

Texto sobre la base de fuentes bibliográficas: Tarcus H (2013); Zandrino E. (2013), Mastrángelo M. (2011) y  Biondi L. en Archivo Municipal de Jesús María. 


Autor
Claudio Jose Minoldo

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