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El papel del patrimonio cultural en el desarrollo de las ciudades sostenibles

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Por: Arq. Agustina Patiño (Responsable del área de Patrimonio y  Paisaje Cultural del municipio de Jesús María)

Durante 2015 se firmó un acuerdo global donde distintos líderes mundiales se comprometieron a alcanzar 17 Objetivos con tres propósitos fundamentales: erradicar la pobreza extrema, combatir la desigualdad y la injusticia y solucionar el cambio climático.
Dentro de estos 17 Objetivos, el número 11 hace referencia exclusivamente a las ciudades: “Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. Y dentro de este número 11, la meta número 4 expresa: “Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural del mundo”. Esto no es un dato menor, ya que es la primera vez en la historia de este tipo de acuerdos internacionales en la que se considera el patrimonio cultural como factor clave para lograr un desarrollo urbano sostenible.
¿Por qué necesitamos ciudades sostenibles? 3500 millones de personas viven hoy en zonas urbanas, atraídos por las múltiples oportunidades que estas ofrecen. Sin embargo, este crecimiento de la población urbana se ha dado sin control ni planificación y ha convertido a las ciudades en escenarios de grandes desigualdades sociales e importantes riesgos ambientales; 828 millones de personas viven en barrios marginales, entre el 60 y el 80% del consumo de energía se genera en las ciudades  y las mismas son responsables del 75% de las emisiones de carbono.
Por otro lado, sabemos que se estima que para el 2030 más del 60% de la población mundial vivirá en zonas urbanas.
Esto nos sitúa frente a un futuro complejo y nos avisa, en cierta forma, que debemos actuar ahora.
¿Cómo es una ciudad sostenible? Es humana e inclusiva, ofrece igualdad de oportunidades, brinda calidad de vida, es resiliente, valora el espacio público, se gestiona mediante la participación, refleja cohesión social, es creativa e innovadora.
¿Y cuál es el papel del patrimonio cultural para ayudar a lograr todos estos aspectos? En primer lugar, no podemos pensar una ciudad humana sin pensar en una ciudad centrada en la cultura, expresión del hombre por excelencia.
Entendemos la diversidad cultural como un recurso que aporta múltiples riquezas y sabemos que el respeto y la tolerancia nos acercan un poco más a que la ciudad sea representativa de todos sus habitantes.
La gestión del patrimonio cultural es clave para fomentar la identidad local y el sentido de pertenencia, que a su vez favorece la participación en la gobernanza y la cohesión social.
La cultura es también una herramienta de resiliencia, si entendemos que recuperar las prácticas culturales cotidianas después de una catástrofe es una forma más de ayudarnos a volver cuanto antes a la normalidad.
La reutilización del patrimonio urbanístico nos habla de sustentabilidad y de nuestra capacidad para adaptarnos de forma consciente y creativa a escenarios urbanos en constante cambio morfológico y social.
El espacio público no tiene sentido si no lo cargamos de contenido. Y este contenido es puramente cultural. Los espacios públicos de la ciudad serán exitosos en la medida en la que mejor se adapten como escenarios para las diferentes prácticas culturales de la comunidad.
Una ciudad que no es creativa y no favorece la innovación no tiene capacidad de adaptarse al cambio, de superar nuevos desafíos, ni si quiera de aprovechar nuevas oportunidades. Y de más está decir que no hay creatividad sin cultura.
Finalmente, si queremos hablar de un aspecto más sensorial, la cultura es lo que hace que las ciudades sean atractivas, sean más que meras estructuras de cemento y asfalto.
Jesús María no se queda atrás en materia de desarrollo sostenible. Sin ir más lejos, la iniciativa Jesús María Proyecta sirve como ejemplo de que algo está cambiando. Por primera vez la gobernanza urbana se abre a la comunidad y se establecen ejercicios tangibles de participación, en los que ya se alcanza a ver una conciencia cada vez más clara acerca del acceso a la vivienda, el transporte público, la seguridad, el cuidado del medio ambiente y la calidad de vida.
Ahora bien, ¿cómo podría contribuir nuestro patrimonio en este nuevo camino hacia una ciudad sostenible? Pensemos. Seamos creativos. Tenemos una gran cantidad de recursos patrimoniales y estamos frente a una gran oportunidad.

Fuente: CULTURA: FUTURO URBANO, Informe Mundial sobre la Cultura para el Desarrollo Urbano Sostenible. ONU.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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