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El desafío de convertir cada hogar en un aula

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Fuente: Radio Comunicar, 90.7 | 24/10/2016

La movilizadora experiencia de docentes que participan del programa educativo domiciliario.

Por: Belén Salvatierra (Periodista)

“A veces no es fácil. Nosotras de cada domicilio hacemos un aula, cantamos canciones, tocamos la guitarra, conversamos con el alumno. Yo hasta llegué a hacer malabarismo”.
Natalia Ramírez detalla las tareas que día a día lleva adelante en su ejercicio como docente, junto a su compañera Sandra Zadro con quien comparte la misión de dar clases a estudiantes que, por alguna enfermedad, no pueden ir al colegio.
Son maestras del Servicio Educativo Domiciliario de la zona, que incluye los tres niveles educativos: inicial, primario y secundario; y tiene como fin “garantizar el derecho a la educación a los alumnos que, por razones de salud, se ven imposibilitados de asistir con regularidad a la escuela”, define el texto de la ley de Educación Provincial.
El plantel docente de esta modalidad se completa con Sandra Farías, la primera educadora local que se inició en esta noble labor.
La historia de estas maestras merece ser contada. En colectivo, en bicileta, o a pie, llegan a la casa de niños y adolescentes que no pueden ir a clases, y convierten algún rincón del hogar en un aula. Cada una atiende alrededor de cinco alumnos y en algunos casos dictan la clase juntas.
“Trabajamos desde la parte pedagógica, con cuentos, actividades lúdicas, recreativas; siempre tratando de entender esa situación que el niño está atravesando. Nosotros lo vemos como alumno e intentamos transformar su dolor en una fuerza positiva”, expresa Natalia, que hace dos años trabaja bajo ese método de enseñanza y apela a distintas estrategias para motivar a los alumnos a continuar el proceso de aprendizaje.
Cada caso, cuenta, es único y deja marcas imborrables. “Recuerdo una niña que me esperaba en la puerta de su casa y le decía a la mamá que escuchaba el ruido de mi bicicleta”.
Sandra Zadro, se incorporó este año al equipo de maestras domiciliarias de la zona y confiesa que asistir a chicos en situación de enfermedad y darles la posibilidad de seguir aprendiendo, a pesar de sus dolencias, “no tiene precio”.
Ambas coinciden en haber elegido el mejor camino para ejercer la profesión. Su vocación como docentes las empuja a seguir cargando la mochila en la espalda, tocando puertas y transformando cada domicilio en una escuela.

Cómo funciona
La educación domiciliaria-hospitalaria, contemplada en la Ley de Educación Provincial, busca garantizar la escolaridad de aquellos niños y jóvenes que por alguna enfermedad no puedan asistir a la escuela.
Los docentes que se desempeñan en esta modalidad educativa dependen de la Dirección General de Educación Especial y Hospitalaria de la Provincia, presidida por Alicia Bonetto.
Durante el proceso de enseñanza, los maestros trabajan en red con la escuela de origen y el equipo médico del alumno-paciente.
Para solicitar la inscripción al Servicio Educativo Domiciliario, el padre, madre o tutor del joven en situación de enfermedad deberá presentar un certificado médico en el colegio, que avale un reposo de más de 30 días. Luego, la institución inicia las gestiones para la asistencia domiciliaria del alumno.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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