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La cooperativa La Caroyense y sus huellas en la identidad local

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Ana Peresini realizó su tesis de sociología sobre esta institución.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra redacción)

‘El impacto del cierre de una empresa cooperativa en sus trabajadores’ es el título de la tesis de licenciatura de Ana Peresini. Esta vecina caroyense se recibió de socióloga en la Universidad Nacional de La Plata y eligió a un símbolo de su ciudad, la bodega cooperativa La Caroyense, como tema de estudio. “En el camino recorrido para analizar el impacto que tuvo el cierre de la Cooperativa en la identidad de sus trabajadores, encontramos subjetividades (que antaño conformaban un nosotros) dispersas, melancólicas y añorantes de un pasado cooperativista con todo lo que ello implica”, puede leerse entre las conclusiones del trabajo académico.

Pujanza y declive. La investigación aborda aspectos teóricos del cooperativismo y de la inmigración desde lo general para luego centrarse en el caso de estudio. Recuerda que el 18 de noviembre de 1930 “se realizó la Asamblea Constitutiva que dio origen a ‘La Caroyense Cooperativa Vini-Frutícola Agrícola Federal Limitada de Colonia Caroya’; con 49 socios y un capital accionario de 18.400 pesos”. Entre los objetivos de la institución, apunta, se buscaba “eliminar la intermediación en la industrialización y la comercialización de la vid”.  
Con el correr de los años, describe Peresini, la bodega “se transformaría en el mayor emprendimiento local” destinado a productos derivados de la vid. Consolidada, “la cooperativa ampliaría su accionar a otras áreas relacionadas con la provisión de insumos, la promoción de espacios de socialización y difusión cultural para sus socios y la comunidad”. 
Para 1967, ‘La Caroyense Cooperativa vitivinícola de Córdoba’ sumada a la unidad abierta en La Rioja elaboraba 20.838.000 kilos de uva, y tenía 693 socios caroyenses y más de 150 trabajadores. El contraste llegó en 1991, proceso neoliberal internacional y nacional mediante, el Consejo de Administración “expresa la difícil situación por la que atraviesa La Caroyense: ‘La situación actual de merma de ventas se está desarrollando dentro de una marco competitivo de bajos precios como consecuencia de la recesión económica y del ajuste por el que está atravesando el país’”. Finalmente, en 1999 cerró sus puertas y en agosto de 2001 se remataron las últimas propiedades de La Caroyense.

Identificación. Peresini obtuvo diversos testimonios que dan cuenta de la apropiación que generaba este espacio de trabajo cooperativo y el dolor que causó en la comunidad el remate. En época de normal funcionamiento de la entidad, Isabel señala: “me dolía cuando no podía ir a La Caroyense, únicamente si yo hubiera estado enferma ahí sí obligada”. “Lo que pasa es que acá es todo como una familia, viste donde nos conocíamos todos. Nos llevábamos muy bien todos, éramos una sola persona”. Clara completa la idea: “Trabajar en La Caroyense para mí era como si hubiese significado, con mi marido, que ahí íbamos a entrar y ahí íbamos a morir; en el sentido que ahí nos íbamos a jubilar”. Muchos testimonios como estos dan cuenta que ingresar en la cooperativa era pasar entre dos y tres décadas de trabajo allí adentro, y que no era un espacio más sino una empresa “prestigiosa”, que otorgaba cier-ta identidad.
Los testimonios más duros aparecen en las referencias al cierre.  Clara cuenta que a pesar de ser despedida “fui mucho a seguir trabajando, fui una temporadita a seguir trabajando allí, ayudando” debido a la identificación con este espacio. En el caso de Isabel se expresa el dolor: “Yo te lo juro que he llorado cuando he sabido que La Caroyense se vendía, me dolió el alma (…)”. Aún en la bronca y la tristeza, los trabajadores mantuvieron la apropiación con el lugar. Relata José: “la gente hasta donde fue buena que no le tocó ni un tornillo a La Caroyense”. “Le dejó como más de 20 mil pesos en caja ahí cuando se remató, le llamó la atención a la síndica porque dice que encuentran a las empresas todas vaciadas, destruidas.”
Peresini recuerda que muchos trabajadores ingresaron a la entidad “desde temprana edad” generando “vínculos afectivos, reconocimiento familiar y social”. No sólo se perdía el trabajo con el cierre de la cooperativa sino algo que definía su identidad”.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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