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Gigante, como siempre, volvió a arder la fogata de San Pedro y San Pablo que organiza Ducj Insieme

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Cada 29 de junio se reitera la ceremonia que invita a compartir el fuego y a los amigos que se congregan en número creciente.

Uno puede entender que los Ducj Insieme (En friulano, todos juntos) sigan organizando la Carrera de Chanchos porque les produce también a ellos un enorme disfrute.
Lo que resulta raro de entender es que le pongan el mismo empeño a una celebración que tiene un carácter religioso, que se hace durante la noche y cuando hace mucho frío.
Pero la organización de la fogata de San Pedro y San Pablo tiene un componente que excede la cuestión del mero disfrute y, por eso, hace más interesante el análisis.
En primer lugar, por la presencia del fuego y su sentido “purificador”. En cualquier fogata con sentido religioso, arrimamos una leñita al fuego y en ese leñita se simboliza algo que uno quiere quemar, algo que nos hace “hombres viejos”. No fue raro observar, durante la noche del pasado miércoles, a unas cuantas decenas de personas que “alimentaban” ese fuego con ramitas y palos cuando, claramente, no hacía falta hacerlo porque había varias toneladas de restos de poda para quemar.
En segundo término, por la reunión y por lo que esa reunión representa en la historia de la comunidad, tanto en la de los primeros inmigrantes como en la de los que vienen haciéndolo desde hace más de una década, los nuevos inmigrantes.
Porque la ocasión se presta para reunir a personas de todos los estratos de la sociedad regional y porque se transformó en una ocasión para reunir a los jóvenes, más allá de las discotecas y bailes.
Y en tercer lugar por el esfuerzo de los organizadores. Desde Clever Cadamuro repartiendo bolsitas de pochoclos, a Seba Castillo y Mariano Braida cuidando las batatitas al resdoldo, o a Yami Campodónico distribuyendo chocolate caliente, Martín Braida supervisando el bufet de bebidas. Mencionamos estos ejemplos porque son los que estaban detrás del mostrador junto con muchos otros integrantes, mientras Juampi Prosdócimo y Ariel Roggio animaban la fiesta desde el escenario.
No hay que cansarse de decirlo: hacen falta miembros en cada comunidad que nos ayuden a mostrarnos que estamos vivos, que no olvidamos, que somos capaces de sostener tradiciones y renovarlas en este presente. Las ciudades que perduran, después de todo, son las que aprenden a reconocer sus raíces, pero no para quedar anclados en el pasado sino para poder proyectarse hacia el futuro sabiendo exactamente quiénes son y de dónde vienen.
Y que se pueda esgrimir con orgullo que el fuego más grande se prende en nuestra zona (ya estuvo en Caroya y Vicente Agüero, por qué no alguna vez en Sinsacate o en Jesús María) que en estas celebraciones también encontremos motivos para atraer visitantes, curiosos, comunicadores.
Ardemos una vez al año, gracias al cariño con que Ducj Insieme se encarga de la fiesta. Los santos Pedro y Pablo, seguro ponen de lo suyo también.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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