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El Club Agraria, un reservorio del protagonismo femenino

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Eugenia Sánchez realizó una tesis en Historia en torno al origen de esta institución.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra redacción)

Colonia Caroya tiene instituciones que han marcado a fuego su identidad. El Club Juventud Agraria Colón entra en ese conjunto de espacios que fueron reservorio de vínculos de la comunidad y reflejo de las relaciones entre diversos sectores. Eugenia Sánchez estudió la vida del club entre 1932 (fundación) y 1942, como parte de su tesis para licenciarse en Historia en la Universidad Nacional de Córdoba. La participación de la mujer en la institución “contribuyó a importantes mutaciones en una sociedad patriarcal”, es una de las conclusiones que sostiene la investigación. 

Desde los orígenes
‘Sociabilidad pueblerina en Colonia Caroya, provincia de Córdoba. El caso del Club Juventud Agraria Colón durante sus años fundacionales, 1932-1942’. Con ese título Sánchez se adentra a observar la vida del club surgido en torno a la Federación Agraria Argentina y la Cooperativa La Caroyense.  
Ya en la primera reunión “concurrieron unos cincuenta jóvenes entre varones y mujeres, siendo entonces las mujeres las más entusiastas y que predominaban en número de adherentes”. El 1° de mayo de 1932, quedó definitivamente constituido el club, que instaba a ser soltero para poder afiliarse. Esto sería modificado en 1942. 
La primera Comisión Directiva “se compuso de igual cantidad de hombres y mujeres”. Las mujeres fueron entre el 10 y 30 por ciento de la masa societal durante aquella primera década de vida.  Entre las características de los socios se observa que “eran hijos o nietos de inmigrantes italianos, pequeños productores afiliados a la FAA y socios de la cooperativa”. Aunque “en los estatutos se establecía que los socios podían ser todos aquellos jóvenes cuyos padres se dedicaran a alguna actividad agrícola” se buscó asociar “a los miembros más jóvenes de las familias propietarias y de mejor posición económica”. 
A partir de la incorporación de nuevas actividades como el fútbol, “se sumaron socios de niveles económicos más bajos”, y “otras como los bailes y el juego de bochas, incentivaron para que se acercaran al club personas de otras localidades”.

Hacia la igualdad
En torno a la identidad que atravesaba a los socios, dice Sánchez que “valores y costumbres que los caroyenses vinculaban a ese pasado inmigrante se reafirmaron en un proceso de reformulación constante de un ‘nosotros’ frente a un ‘otro’. Es así como la endogamia en las alianzas matrimoniales, el trabajo sacrificado y el ahorro son tópicos que forman parte de la definición de ese ‘nosotros’”.  Dentro de ese nosotros, desde su fundación “el club comenzó a transformar los espacios de encuentro  entre amigos y se crearon ámbitos compartidos por jóvenes de ambos sexos”.  
En ese universo las mujeres tuvieron un rol protagónico desde el inicio. Siete de los doce cargos de la primera Comisión Directiva fueron ocupados por mujeres hasta el de presidente (Angelina Braida). Las mujeres “tuvieron un papel muy activo en la toma de decisiones” internas sin embargo en lo que se refiere a las “gestiones con personas e instituciones ajenas al club (bandas de música, policía, municipalidad, etc.) los hombres eran los encargados”. “Dentro de la diferenciación de género que se establecía y que ligaba ciertos roles a los hombres y otros a las mujeres lo público era visto como el ámbito masculino por excelencia.”
Entre las actividades específicas, las mujeres participaron activamente en la subcomisión de la biblioteca, propiciaron el dictado de cursos sobre tareas domésticas y la suscripción a revistas. “Una tarea que durante toda la década la CD delegó a las socias fue la de preparar comidas y decorar los salones durante los festejos”. 
Como conclusión, Sánchez sostiene que “los roles a desempeñar en la institución dependían de la clase social y del género”. Los ‘notables pueblerinos’ transitaron el club “como una forma de acumular prestigio” y “los sectores populares aparecieron en estos intersticios, en las estrategias de la élite por mantenerse en el poder político y económico”. Mientras que la participación femenina “se presentó como una novedad de la vida asociativa caroyense contribuyó también a importantes mutaciones en una sociedad patriarcal”. “Las mujeres participaron de prácticas democráticas y entablaron lazos más igualitarios y libres con los hombres”, remata la licenciada en Historia.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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