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Callejones sin salida

El caso de las gemelas que alumbraron a sus primogénitas el mismo día nos puso a pensar en el embarazo adolescente y sus consecuencias.

No hay ninguna explicación racional que justifique que una adolescente de 16 años quiera transitar por la maternidad, quiera quedar embarazada y dar a luz 9 meses después. Si está transitando ese período es porque no tuvo cuidado mientras mantenía relaciones sexuales ni su pareja tampoco las tuvo.
A los 16 años no se está preparado ni se tiene la madurez suficiente para afrontar la maternidad o la paternidad. La psiquis y el cuerpo ni siquiera se han terminado de adaptar a los cambios bruscos, los estados de ánimo son volátiles, y las emociones son una montaña rusa.
Pero puestos a pensar en que cada vez son más las adolescentes que transitan por ese estado deberemos poner manos a la obra para ayudarlas a que transiten la maternidad con la mejor información y dignidad.
Habrá casos en que los padres o familiares tienen los recursos económicos para afrontar la llegada de un nuevo integrante. Está repleto de casos de abuelas/madres que suplen la función que debería realizar su hija y disfrutan menos del abuelazgo.
Pero también está el caso de adolescentes a quienes les falta una madre o una familia sostenedora, que viven en situación de pobreza, que no están escolarizadas, ni tampoco reciben otros beneficios del Estado.
¿Cómo hacer para sostener la dignidad de la maternidad y los derechos de los infantes en esos casos? Lejos del juicio moral y de achacarles el embarazo, está la cruda realidad de que han traído hijos e hijas al mundo en un contexto absolutamente desfavorable.
Florencia y Belén, las gemelas que dieron a luz el mismo día, se hicieron conocidas por ese hecho curioso y fortuito. La difusión de su historia contribuirá a que la gente les tienda una mano solidaria, pero cuántos otros casos más habrá como ése y que no saldrán a la luz. El embarazo adolescente, decididamente, es asunto pendiente.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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