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Sin importar las que le patee la vida, Facu Martín te las ataja con una sola mano y mucho corazón

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El arquero de la selección de fútbol de amputados detrás del objetivo de ser en algún momento profesor de educación física.

Tan lejano está en su vida el fatídico día en que se accidentó y perdió la movilidad casi completa de su brazo derecho que Facundo Martín se detiene a relatarlo como si le hubiese pasado a otro. Y tan poco rencor le dejó el hecho que nunca quiso saber quién fue el responsable de haberle hecho pasar por ocho intervenciones quirúrgicas y convertirlo en una “persona con discapacidad”.
Lo que sí recuerda patente es que a los tres meses ya estaba jugando al fútbol, plantado en el arco con su 1,92 metro, y sí recuerda que el futbol le dio mucho hasta ahora. Es que con la selección de fútbol de amputados ya lleva dos mundiales, una Copa América, y dentro de poco tendrá una segunda Copa América en Colombia.
En todo el generoso tiempo que comparte con Primer Día Facundo Martín no mostrará ni un dejo de resentimiento para con nada ni nadie y tampoco mostrará vanidad alguna. De hecho, él ni siquiera ve en su asombrosa recuperación nada fuera de lo común.
Tampoco ve nada de extraordinario en haber tenido que mudar de mano. Antes era derecho y tuvo que hacerse zurdo a la fuerza. Escribir con zurda y tener motricidad fina con una mano que no era la más hábil.
Hace tres años, y por sugerencia de su amigo Nicolás Quindt y de su amiga Carolina Ordóñez, Facu decidió meterse a estudiar el profesorado de Educación Física. Sus amigos vieron en él un docente escondido, agazapado. Lo vieron cuando Facu enseñaba a sus alumnos en la escuelita de fútbol en el polideportivo de Sinsacate.
“Después de lo que uno pasa, le perdés el miedo a todo. Sobre todo cuando pasaste por la experiencia de un accidente de enorme riesgo como el que me tocó atravesar. La vida se ve diferente cuando estuviste entre la vida y la muerte”, relata el arquero sin inmutarse.
La parte práctica de muchas disciplinas deportivas que tiene que rendir Facu en su profesorado lo hace con una sola mano: basquet, voley, handbol, fútbol, natación, lo que venga. Está claro que hay materias en las que no puede  rendir la práctica porque en ellas es indispensable la utilización de los dos brazos. En esas materias, el conocimiento teórico fino le ha servido para poder sortearlas.
“El accidente fue trágico, pero a la vez me trajo un montón de cosas que ni las pensaba y que estuvieron muy buenas”, plantea Facu mientras explica que su accidente le generó una parálisis de plexo braquial: Cuatro nervios que salen de la médula y manejan mano, codo, muñeca hombro, brazo. Todo ese movimiento y fuerza los perdió irremediablemente.
Una valla poco batida
Facu siempre fue un atleta. Pasó por el básquet, se mudó al fútbol donde arrancó como 9 y después se pasó al arco, lugar del que se enamoró y del que no quiso salir más. Y desde que está con la selección de amputados ocupa el lugar del segundo arquero y está feliz con las amistades, la camaradería, y los resultados deportivos.
“El lugar más horrible dentro de la cancha es el arco, el menos grato. Por eso, los arqueros somos locos porque chocamos contra las muletas de los jugadores y nos pegamos más de un golpazo o se te rompe una canillera”, narra Facu y dice que el deporte de amputados y el grupo ha crecido mucho y Argentina está bien representada. Y su valla no está entre las más batidas

Los afectos, centrales
Claramente, en la vida de Facu la amorosa entrega de su familia -papá, mamá, hermanos, abuelos, y especialmente la abuela materna a quien perdió recientemente- ha sido clave también para poder estar tan entero.
Consciente de su discapacidad, se permite una reflexión: “La discapacidad está menos en el que la tiene que en el que se preocupa por verla. Yo soy igual que cualquiera otra persona. Tengo una mano menos, pero soy igual que vos”.
Y esa consciencia de la discapacidad se ha prolongado al sentido del humor como cuando Facu se hace el indignado en un asado con amigos y alguien pide un aplauso para el asador. “¿Con qué querés que aplauda?”, suele decirles.
Siendo ejemplar, Facu prefiere que no le digamos que es un ejemplo, pero es imposible abstraerse de esa capacidad para superar obstáculos y andar por la vida con una sonrisa. ¡Bravo!.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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