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La Plata y Jesús María: Ciudades distintas, problemáticas similares

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Por: Arq. Agustina Patiño (Responsable del área de Patrimonio y  Paisaje Cultural del municipio de Jesús María).

En abril viajamos a la ciudad de La Plata para presentar el proyecto de creación del Área de Patrimonio y Paisaje Cultural de la Municipalidad de Jesús María en las 3ras Jornadas Latinoamericanas de Patrimonio y Desarrollo.
El objetivo de las Jornadas, organizadas por ICOMOS y la Universidad Católica de La Plata, fue generar un espacio en donde compartir e intercambiar experiencias relacionadas con el patrimonio cultural y su impacto en el desarrollo urbano, social y sustentable.
El encuentro, además de permitirnos presentar nuestra experiencia como Área, nuestros objetivos, logros y proyección en el futuro, nos permitió también conocer otras realidades y descubrir que muchas veces tenemos más cosas en común de lo que pensamos.

La Plata. En 1880 al declararse la ciudad de Buenos Aires como capital nacional de la Argentina independiente se hizo necesario trasladar la capital provincial hacia otra ubicación. Es por ello que en 1882 se funda la ciudad de La Plata como nuevo centro administrativo de la provincia.
Su diseño y estructuración la convirtieron en uno de los modelos más importantes de planificación urbana del s.XIX, hasta el punto tal de ser una de las pocas ciudades del mundo que se proyectó antes de construirse. El diseño general se encargó a un equipo de urbanistas liderado por Pedro Benoit, mientras que para los edificios públicos se realizó un llamado a concurso internacional.
El trazado pensado originalmente se componía de líneas rectas y cuadrados perfectos, con un eje administrativo (hoy el “eje histórico”) en donde se encontraban los principales edificios públicos. A esta trama se sumaban ocho diagonales y plazas en cada una de las intersecciones, además de pequeños bosques ubicados cada seis cuadras, reflejo de la concepción ambientalista de la época.
Actualmente, La Plata cuenta con una población de casi 600.000 habitantes y una intensa vida comercial, cultural y administrativa.

¿Tenemos algo en común? Pasando en limpio podemos decir que la ciudad de La Plata tiene aproximadamente 134 años de historia, mientras que Jesús María está cerca de cumplir sus 400 años.
En cuanto a extensión urbana, La Plata cuenta con un ejido de 940km2 mientras que Jesús María llega a los 95km2 por lo tanto una ciudad es diez veces más grande que la otra. Por otro lado, la población de Jesús María es apenas algo más del 6% de la población de La Plata.
Después de haber visto estas diferencias revisemos algunas cosas en común. En primer lugar ambas son intervenciones concretas sobre el territorio: la ciudad de La Plata se creó para cumplir con una función administrativa necesaria para el nuevo estado nacional; en el caso de Jesús María, fue la necesidad productiva de los jesuitas la que los impulsó a fijar su primer asentamiento. En segundo lugar, ninguna cuenta con un centro histórico bien definido como suele suceder en otras ciudades; los edificios históricos, sobre todo los residenciales, se encuentran dispersos en la trama urbana, salpicados por todos los rincones. Por último, ambas son ciudades en pleno proceso de desarrollo, obviamente cada una a su escala.
Y aquí el mayor desafío: ¿cómo vamos a integrar al patrimonio con estas nuevas necesidades de crecimiento urbano? En ambos casos existen gran cantidad de viviendas de clase media en zonas potenciales con altos indicadores de construcción. Esto quiere decir que muchas viviendas de valor histórico (testimonios de quienes años atrás construyeron ambas ciudades) se encuentran en terrenos con alto valor inmobiliario, en donde se permite construir edificios de gran altura. Estamos entonces en una situación de conflicto permanente entre desarrollo en altura versus patrimonio arquitectónico.
Si nuestras ciudades tuvieran centros históricos bien delimitados sería distinto: podríamos establecer una legislación de protección en una determinada área urbana, como sucede en muchas ciudades del mundo, en donde se limita la altura, la ocupación y la remodelación de los edificios, orientando las acciones hacia la conservación de un conjunto de gran valor que generalmente supone además una gran atracción turística. Este no es nuestro caso.
Teniendo en cuenta esta característica de nuestras ciudades podemos tomar dos direcciones posibles. Por un lado, permitir la demolición de ciertas viviendas, conservando sus fachadas y aceptando que se levanten por detrás altos edificios. La imagen urbana que conseguiremos será un zócalo clásico y plano, con grandes volúmenes de remate, vidriados y bien modernos.
Por otro lado, podemos restringir las obras y conservar los edificios históricos como en una burbuja. La imagen urbana en este caso será de ciudad moderna de perfil alto con algunos vacíos y quiebres allí en donde conservemos edificios históricos.
Ahora deberíamos detenernos a pensar: la opción que elegimos, ¿es una imagen linda de ciudad? La protección de elementos históricos de forma aislada ¿tiene sentido? Tanto en La Plata como en Jesús María lo importante será definir a partir de ahora qué imagen de ciudad queremos.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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