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Otro año terrible para los productores de vid

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Es la tercera cosecha consecutiva en que la producción de vid genera pérdidas de magnitud. El clima, excesivamente húmedo, y la acción antrópica (otra vez los herbicidas de uso agropecuario) son los responsables de una nueva vendimia con sabor amargo.

Como en todos los órdenes de la vida, hay productores de vid que le pondrán “el pecho” a esta magra vendimia. Son los que no quieren salirse del negocio, los que siempre ven futuro en la vitivinicultura, los que no quieren salirse. La uva y el vino son para ellos la sal de la vida, son pasión antes que razón y antes que negocio.
Y hablando de negocio: ya se estima que las pérdidas de este año orillarán los cuatro millones de pesos, que se habrán perdido irremediablemente 600 mil kilos de uva, y que algunos ya no tendrán entusiasmo en seguir manteniendo la vid.
Claro que hay casos raros, como la aparición de dos nuevos productores con apellidos que nada tienen que ver con la tradición caroyense: Vivas y Ruiz, que han decidido hacerse cargo -cada uno por su lado- de viñas que otros locales habían decidido abandonar.
De todos modos, la producción de vid sigue siendo de entre 100 y 105 hectáreas, una cifra que parece exigua, pero que representa el 90 por ciento de lo que se produce en Córdoba.
Entre los enólogos cunde la preocupación por este tercer período complicado.
Santiago Lauret, por ejemplo, cree que más que lamentarse por el clima, hay que lograr que alguien detenga el uso de herbicidas hormonales volátiles que fueron los que, según su apreciación y compartida por otros especialistas, es la que mayor daño viene generando a las plantas. Ya no es solamente la guerra contra el 2,4D éster y el 2.4DB éster sino que suman a ese lote al Dicamba y al Picloram, entre otros. Además de los cócteles con los que atacan a las hierbas resistentes al Glifosato.
Todo eso, que suele comenzar a aplicarse en septiembre, interfiere con el período de floración y brotación de las vides que este año llegó a su máxima expresión. Sin contar que las hojas se retuercen como si las hubiesen quemado.
“Hay productores que me dicen ‘Santiago, si seguimos así nos quedamos directamente sin plantas dentro de tres o cuatro años”, señaló Lauret. Al ser consultado por este semanario.
Su colega Gabriel Campana, por su parte, se refirió a las posibilidades de elaboración en función de la cosecha que se logrará este año: “Las plantas ya venían con una carga bastante menor a las del año pasado. Tendremos que tratar de diseñar productos coherentes con la calidad de la uva que obtengamos, pero la realidad es que estamos complicados”.
La ingeniera agrónoma Daniela Mansilla aportó: “Ya veíamos menos carga en las plantas como consecuencia de malas situaciones ambientales y sanitarias, pero también en la primavera anterior la afectación por herbicidas hormonales hizo lo suyo para que haya menos volumen y madurez. La otra contra es que este año también los insumos de producción aumentaron mucho”.

Seguir en la lucha
En el lote de los que no se bajarán del barco, aunque las condiciones no ayuden, se encuentra Jorge Silvestri que hasta se anima a ver con algo de humor la situación.
“La cosecha de este año viene tan complicada como la 2015. Además, hay que tener en cuenta que las plantas vienen con menos producción y las pérdidas las estamos calculando entre un 50 y un 60 por ciento. Y venimos de dos años iguales por lo que las plantas están bastante sentidas por eso”, resumió Silvestri sobre la vendimia 2016.
Otro productor, Danilo Fantini, también se refirió con excepticismo al resultado de la cosecha de este año: “La inestabilidad de la primavera (2015) definió que hubiese muchos problemas en el cuaje y la floración y, paralelamente, las lluvis de febrero definieron que hubiese pérdidas por sí mismas”.

La emergencia vitivinícola 
El panorama adelantado por los especialistas motivó al área de producción de Caroya y a la intendencia a elevar un proyecto legislativo que les exima a los productores del pago de la Tasa a la Propiedad y del canon de agua de riego. Aunque no es suficiente, claramente es un gesto para un sector que, año tras año, va perdiendo superficie y productores.
Paralelamente, el Concejo Deliberante viene concluyendo el articulado de una norma que también restringa el uso de los otros herbicidas hormonales volátiles dentro del ejido de la ciudad.
Y se gestiona ante el gobierno de Córdoba otro tipo de auxilio. Después de todo, la uva hace a la historia de Caroya y a la de nuestra economía regional.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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