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Los Molinos de la Estancia: Primeros pasos para la puesta en valor del sistema hidráulico jesuita

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Por: Arq. Agustina Patiño (Responsable del área de Patrimonio y  Paisaje Cultural del municipio de Jesús María).

Un sitio de valor excepcional. En el año 2000 la UNESCO reconoció mundialmente el valor del Conjunto Jesuítico de la Provincia de Córdoba, compuesto por la Manzana Jesuítica en el centro histórico de Córdoba capital y su red de Estancias; Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) y La Candelaria (1683).
Puntualmente en Jesús María, el sitio comprende la iglesia, la residencia de los Padres, dos áreas de molinos y los restos de la acequia que alimentaban los mismos, todo ello rodeado por un área de amortiguación (la también llamada “área buffer”). En total estamos hablando de un polígono de algo más de 20 hectáreas con el que nos inscribimos en la Lista de Patrimonio de la UNESCO. Pero ¿qué significa esto realmente?
Al contemplar la destrucción causada por la Primera Guerra Mundial, la UNESCO decide crear un documento internacional para contribuir a la conservación de aquellos sitios con valores culturales de gran importancia. Surge de esta manera la “Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural” en 1972, que fue el punto de partida para la posterior creación de la “Lista de Patrimonio Mundial”.
Los sitios registrados en la Lista deben poseer un “valor excepcional”, un “valor universal”, es decir, un valor significativo que involucra no solamente a la comunidad en donde se asienta, sino que representa algo importante para toda la humanidad. Además, deben cumplir con al menos uno de los diez criterios de valor establecidos por UNESCO.
El Conjunto Jesuítico de Córdoba cumple con dos de esos criterios. El criterio II, reúne sitios que manifiestan un importante intercambio de valores humanos en el desarrollo de la arquitectura, la tecnología, las artes monumentales, la planificación urbana o el diseño del paisaje. Por otro lado, el criterio IV, sitúa al Conjunto como un ejemplo sobresaliente de un tipo de edificio, conjunto arquitectónico y paisaje singular, que ilustran etapas importantes en la historia humana.
Analicemos un poco más estos criterios y pensemos, por ejemplo, en la tarea evangelizadora de los jesuitas y su importancia en el fomento de la educación, en la visión estratégica que tuvieron para situar sus construcciones como nodos de un sistema productivo, en su proyección como red, teniendo en cuenta sistemas viales e hidráulicos que marcaron lineamientos incluso en el desarrollo de las ciudades actuales. Pensemos también en la tipología arquitectónica de las Estancias, en su función, en el uso de materiales y mano de obra local… ¿acaso no representan las características básicas de la colonización española?

Derechos y obligaciones. Tener un sitio Patrimonio Mundial nos abre como ciudad una importante puerta hacia el desarrollo económico y social, generando grandes beneficios a través de la gestión turística y cultural. Pero por otro lado, nos supone también una enorme responsabilidad: la incorrecta conservación del sitio puede no sólo destruir una parte importante de nuestra identidad, sino que también puede poner en peligro la declaratoria de todo el Conjunto, afectando, entre otras cosas, el desarrollo económico del resto de las localidades involucradas.

Una oportunidad única.  En diciembre del pasado 2015, la Municipalidad de Jesús María tomó posesión de un sector dentro del sitio Patrimonio Mundial, el conocido “predio de Doña Pipa”, en donde se encuentran restos de importantes construcciones dentro del sistema hidráulico de la Estancia.
Inmediatamente se informó a Patrimonio de la Provincia y, a través de ellos, a la Red de Estancias Jesuíticas, principales responsables ante la delegación de UNESCO en Argentina.
¿Y ahora qué hacemos? Desde el Área de Patrimonio y Paisaje Cultural estamos trabajando en el proyecto de puesta en valor, empezando en primer lugar con un programa de conservación preventiva. “Poner en valor” significa que nuestras acciones van a estar dirigidas a realzar el valor histórico y cultural de nuestra área jesuítica: limpiar, ordenar, hacer comprensible y visitable. Por otro lado, el programa de “conservación preventiva” enumera aquellas acciones que llevaremos a cabo para eliminar todos los elementos que puedan estar ocasionando algún daño a los bienes existentes.
Podemos decir finalmente que tenemos el gran orgullo de contar en nuestra ciudad con un patrimonio de valor universal, pero además tenemos la gran oportunidad, a casi 400 años de su creación, de poder gestionarlo de forma sustentable para su conservación y el disfrute de las generaciones futuras. Poco a poco, con acciones concretas y objetivos puntuales iremos avanzando.
Están todos invitados a participar; este largo camino recién comienza.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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