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Distinguir algo, nada, mucho

La posibilidad de una temporada lluviosa divide las aguas respecto de lo que se hizo y plantea genuinas creencias dependiendo del lado del mostrador en que se esté.

Parece una verdad de perogrullo, pero en la mayoría de las cuestiones de la vida algo es mejor que nada e insuficiente al lado de mucho. Se aplica a cuestiones básicas como el alimento y pueden aplicarse también a sentimientos profundos como el amor.
Cuando una comunidad se ve sacudida por una tragedia, la voluntad de la mayoría de inclina a solicitar que se haga mucho para reparar lo que se ha dañado. A esa voluntad se le suele contraponer la escasez de recursos para afrontarlos y la decisión de terceros en relación a nuestra propia valoración comunitaria.
En las pasadas inundaciones, en los afluentes del río Jesús María se murieron cuatro personas, la violencia del río puso en riesgo severo a un par de decenas de viviendas, tuvo a cuatro barrios en vilo, derribó unas cuantas viviendas, y plantó la sensación de que la naturaleza es ingobernable. Desde entonces ¿a quién no le pasó que caen dos gotas y entra en pánico?
Y volviendo al principio, entre el municipio y la provincia encararon obras que en su propia evaluación y en comparación con otros lugares fueron “muchas”. La sensación de los vecinos, en cambio, es que fueron “algo” y en todo caso “muchas” en relación a otros lugares, pero nada en relación a todo lo que falta por hacer.
Pero esas obras no lograron tranquilizar a la comunidad. Ni siquiera a los pobladores que fueron beneficiados por esas obras. En este caso, el tercero (gobierno de Córdoba) decidió algunas obras y lo decidió compelido por una causa judicial -amparo ambiental colectivo- más que por motu propio.
Los que deciden parecen no tener las mismas prioridades ni las mismas urgencias que quienes se vieron damnificados por una crecida inusual del río Guanusacate.
Aunque no estén en el presupuesto aún, sería importante que los próximos que decidirán tengan presente la posibilidad de generar dos diques “secos” en las nacientes de nuestro río para poder demorar la llegada de las crecidas extraordinarias.
Con el Cambio Climático, lo más usual será que lo extraordinario mute en ordinario. Prepararnos para ese escenario nos hará más conscientes sobre todo lo que debemos demandar, de ahora en adelante, a quienes nos gobiernan.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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