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Recuperar un poquito la fe

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Este editor tiene la convicción de que la falta de Justicia de un país es directamente proporcional a la falta de fe de su población en las instituciones.

No hace falta teorizar demasiado respecto de la necesidad de leyes para que una comunidad pueda vivir en armonía. Pero tan importante como un corpus jurídico abarcativo es un grupo de jueces dispuestos a hacerlas cumplir.
Sin esta última condición, resulta verdaderamente difícil hacer que la comunidad tenga fe en sus instituciones y en sus leyes. Y muchas veces en nuestro país la falta de Justicia ha sido la causa de que la comunidad caiga en la desconfianza y en la desesperanza.
Pero, de tanto en tanto, aparecen jueces que le hacen rever a uno su pesimismo. Como ese juez cordobés que castigó a tres exfuncionarios de Deán Funes a los que encontró culpables de haber hecho un mal manejo de los fondos públicos. Y el castigo fue que devuelvan el dinero faltante... ¡de su propio patrimonio!, además de impedirles que vuelvan a ser funcionarios para siempre.
O ese juez de Tucumán que dictó una medida cautelar para que se abstenga (la Junta Electoral) de proclamar a los ganadores de los comicios y de la destrucción o alteración de la totalidad del material electoral, debiendo la Junta velar por su seguridad, y por supuesto, seguir el escrutinio. En una provincia donde existe una sospecha de posible fraude, dictar una medida así requiere de valentía y decisión.
Y continuando con otro juez cordobés, el que tiene a cargo todas las causas de amparos colectivos ambientales, que viene señalando que muchos de los problemas que fueron atribuidos al clima, por caso las inundaciones, podrían haberse evitado si el gobierno hubiese tomado la decisión de mitigar previamente los efectos de las crecientes.
Y a ese pequeño botón de muestra podríamos sumarle el de los jueces que dictaminaron en 2008 que había que remediar el daño ambiental que le habían hecho al curso de agua riachuelo-matanza. Hoy, el riachuelo no es más negro, tiene peces, y dejó de portar el olor nauseabundo que tuvo por décadas.
Es cuestión de coraje y de convicción, pero también de profundo apego al cumplimiento de las leyes lo que ha llevado a esos jueces a devolvernos parte de la fe perdida. Cuántos hay que debieran seguirles los pasos a aquellos.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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