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“Ante el grave cuadro de erosión hídrica, toda la zona de Jesús María está en peligro”

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La investigadora Alicia Barchuk trabaja sobre la cuenca donde se ubica la ciudad. El modelo agrícola y la inacción gubernamental en el centro de su análisis.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra redacción)


Mientras se entrecruzan iniciativas ciudadanas, reclamos judiciales, y desarticuladas acciones gubernamentales, la investigadora Alicia Barchuk alerta acerca del “gravísimo” cuadro erosivo que presenta el río Guanusacate. La doctora en Ciencias Agropecuarias realiza un trabajo en la cuenca que atraviesa Jesús María y anticipa que frente a nuevos fenómenos climáticos, como ya se anuncian, los datos técnicos apuntan a nuevas pérdidas en infraestructura como son los puentes. La producción agraria, la falta de ordenamiento y la inacción de organismos del Estado determinan que “a futuro toda esta zona esté en peligro”.
Barchuk es una referencia en materia de análisis de ecosistemas, tendencias climáticas y planteo de modelos de impacto en los sistemas naturales. Fue presidente de la Comisión de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos de la provincia, y es investigadora del Instituto Superior de Estudios Ambientales. Actualmente dirige el proyecto ‘Efectos de los cambios de cobertura y uso de la tierra en cuencas hídricas en la provincia de Córdoba: impactos y riesgos socio-ambientales’.
Ese trabajo para Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNC la llevó a analizar los cursos de agua que rodean y atraviesan Jesús María. Lo ocurrido en el verano último intensificó la labor en la zona. Para comprender la complejidad del tema debe tenerse en cuenta que la cuenca abarca 43.000 hectáreas, y que su punto más alto se ubica a los 2.800 metros sobre el nivel del mar, a 35 kilómetros de Jesús María.

Cambiar el modelo
Barchuk pone el foco en la erosión: “El 25 por ciento la cuenca está con síntomas de erosión activa y tiene una bajísima cobertura, que en algunos sectores no llega al siete por ciento”. La baja cobertura potencia justamente la erosión y en ese sentido, la investigadora apunta a la actividad agrícola que, por ejemplo, se realiza “hasta los 700 metros sobre nivel de mar, con cultivos de verano como la soja”. Ese tipo de propuesta productiva en un área “que tiene forma de embudo” y que presenta una diferencia de sólo 200 metros de altura a lo largo de 12 kilómetros hacia el norte de la ciudad “genera una situación de extrema susceptibilidad de erosión”.
“Esta zona agrícola que son 3.500 hectáreas está ayudando a que esto continúe”, enfatiza la agrónoma. Barchuk busca que se comprenda que “esas hectáreas productivas, que son pocas, forman parte de la última porción de cuenca que actúa como embudo” y que el agua que avanza desde la parte alta “viene como por un tobogán directamente a la zona de Jesús María”. Aunque la peor parte la ha llevado la traza urbana, expresa que en los campos con cultivos de verano “han perdido hasta 200 hectáreas de suelo”. Como contraste, “en las zonas donde se conserva la vegetación nativa no hubo deslizamiento de tierra”.

Reincidir
Según lo constatado hasta el momento, el cauce del río “se ha ampliado entre 100 y 200 metros, con mucha susceptibilidad a profundizarse”. Las lluvias de febrero han dejado un escenario de “mayor efecto de las aguas sobre las paredes del río y hubo una enorme erosión retrocedente”, es decir sobre las cabeceras.    
  Sobre este punto, Barchuk ejemplifica con lo que puede ocurrir en el paso vial sobre el río que atraviesa la ruta 9 a la altura de Sinsacate. “Ese puente fue rellenado con tierra y el avance de agua ahí probablemente haga que perdamos más ruta, y tengamos que plantear atravesar una especie de ‘cañon’ que va a quedar en esa zona”.
  La investigadora agrega que está previsto un nuevo fenómeno del Niño y ante lluvias torrenciales, con las medidas que se han tomado “que son casi nulas”, lo lógico es que “el puente vaya a quedar colgado de nuevo”.

Alternativas
Como propuestas Barchuk sugiere “recuperar vegetación en la parte más alta de la cuenca, y en la parte del embudo modificar la práctica agrícola”. Por ejemplo en vez de siembra directa, “que hace que el agua escurra muy rápidamente” pueden aplicarse prácticas que incluyan “bordos, terrazas, que no se cultive a favor de la pendiente, y aumente la cobertura con vegetación perenne”. Estas medidas sirven “a reducir la velocidad de las aguas y proteger terrenos, casas, y en definitiva vidas”.
Con ánimo de aportar soluciones, Barchuk difunde sus conocimientos. “Hoy se pierden suelos que han tardados millones de años en formarse”, dice para agregar que “cuando hay erosión retrocedente estamos en la etapa final de un desastre”. “La situación es gravísima”, remata para proponer que “productores, Municipio y vecinos trabajen juntos porque la zona peligra”.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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