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El drama de los Giachini: perdieron todo y el Estado los desampara

Ezio Giachini y Verónica Braida aguardaban con ansias que llegue el momento de mudarse a su flamante casa pero el río los dejó sin nada: ni vivienda ni terreno.

“Tenga usted a bien comprender que nos es difícil pagar una cuota por algo que no existe, no es nuestra intención no pagar.
Nadie me sabe decir cómo seguir, hemos perdido un sueño, años de buscar, en los últimos años un sacrificio tremendo de privaciones para  nuestra casa, en el tramo final cuando estábamos a punto de habitarla nos la arrebatan en un abrir y cerrar de ojos y nos quedamos sólo con deudas. Espero sepa comprender nuestra situación, para cambiar angustia por una nueva esperanza”. Así de cruda, así de triste es la carta que le dirigieron Ezio Giachini y Veronica Braida a Diego Bossio, autoridad máxima del ANSES.
¿Por qué? Sencillamente porque la casa que pensaban habitar junto a sus tres hijos se había construido con un crédito Procrear que se tramita ante ese organismo nacional y que es el que da la factibilidad antes de pasar el expediente a Banco Hipotecario para que se entregue el crédito.
Pero en 15 días, vivieron lo inimaginable. Los Giachini aseguran que la vivienda estaba a más de 300 metros del río Guanusacate antes del 15 de febrero. Hay, de hecho, fotos que testimonian que desde el techo de la casa el río ni siquiera se alcanzaba a divisar. La creciente del 15 de febrero pegó contra una suerte de islote que había en medio del río y que los vecinos habían tramitado limpiar ante Recursos Hídricos, sin obtener ni autorización ni respuesta ala demanda. Al golpear contra ese islote, el agua desbordó hacia el norte y comenzó a comer tierra firme. En su furia, se tragó seis galpones y una vivienda. Para cuando amainó, el agua le había quedado a los Giachini a 70 metros de su casa.
Y todos los días subsiguientes a esa primera creciente el agua fue socavando riberas hasta acercarse peligrosamente a la vivienda a punto de estrenar. Antes de la tormenta del 3 de marzo, el agua había llegado tan cerca que derribó la cochera. Y el 3 ocurrió lo impensado: a las 8 de la mañana, la casa todavía estaba en pie, pero para cuando volvieron a las 11 se había esfumado todo, ya eran parte del río, tanto la vivienda como el terreno. No quedó ni un hierro del 8 ni un ladrillo, ni una muestra de que allí hubo una casa. El río se llevó los materiales e infinidad de sueños.

¿Y ahora?
Los créditos hipotecarios se otorgan previa hipoteca sobre terreno y vivienda. ¿Qué podrían hipotecar en este caso en que todo se ha perdido y en que el crédito se otorgó porque era vivienda única? Muchos amigos de la familia les aconsejan dejar de pagar porque lo peor puede ser estar en el veraz diez años, pero Ezio y Verónica son comerciantes con aspiraciones de seguir creciendo en el rubro y para eso necesitan acceder a créditos bancarios y, para eso, no pueden estar en el veraz.
Lo más triste de todo, en esta circunstancia es sentirse desamparado por el estado en cualquiera de sus versiones: municipal, provincial o nacional. Ninguno de ellos hizo nada ni se acercó a la familia para ver en qué pueden colaborar.
“En 2013 y 2014 avisamos al municipio y a la provincia de que el río se movía raro, pedíamos ayuda, y firmamos una nota todos los vecinos diciendo que nos poníamos al servicio con nuestras máquinas. Ninguno nos contestó. Los avisos que les veníamos haciendo de que el río venía peligroso no fueron escuchados”, detalló Verónica.
“Nadie me escuchó en todos estos años. Hoy, 2015, estoy parada frente a este dolor. Cuando me dicen que van a ayudar, pienso por qué no lo hicieron antes”, cerró Verónica.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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