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“Si no se puede trabajar sobre la amenaza, tenemos que trabajar mucho para bajar la vulnerabilidad”

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En ese tiempo, era secretario de Desarrollo Urbano Juan José Nievas y se firmó un convenio con la entonces DIPAS para estudiar el río y contar con información para poder planificar e intervenir.

Tendríamos que dejar de pensar en Juan José Nievas sólo como el vecino jesusmariense que porta el sobrenombre de “Pepino” y quien fuera el jefe máximo de los Bomberos Voluntarios de Jesús María.
Porque, además de esos datos, tiene una vasta formación académica en desastres y catástrofes, en seminarios, cursos y congresos del país y de importantes organismos internacionales como la OEA. Su “expertice” hoy está en ese tipo de acontecimientos y en cómo se planifica una intervención en casos de desastre.
El fin de semana pasado, sin ir más lejos, fue parte de una mesa chica con referentes del sector agropecuario y con periodistas de nuestra región en la que intentó ponerle nombre a cada cosa que nos ocurrió entre el 15 de febrero y el 3 de marzo.
“Las inundaciones en el mundo ocupan entre el 61 y el 62 por ciento de la posibilidad de desastre natural de los últimos 70 años. Hay estudios estadísticos sobre esto desde los años ‘50 en adelante”, señaló Nievas para explicar que lo que ocurrió en nuestra zona es el fenómeno de mayor repitencia.
El exjefe de los bomberos locales explicó que las inundaciones suelen ocurrir por desbordes de los ríos, pero también por excesos pluviales. En Jesús María, para entender la magnitud de lo que pasó, la inundación fue doble: por desborde del río y por exceso de lluvia.
“El problema que tiene Sierras y Parques -ejemplificó Nievas- es antiquísimo y tiene que ser tratado de cierta manera, la gente tiene que ser tratada de otra manera y el entorno social y educativo debe ser abordado de un modo específico porque nada tiene que ver con lo que pasó en La Costanera o con lo que pasó en Las Vertientes”.
La frase que Nievas más repitió durante el encuentro fue “socializar el riesgo”, es decir, lograr que lo que sucedió atraviese todo el tejido social porque la reconstrucción depende de la participación de todos. Riesgo es el resultado de la ecuación que combina amenaza con vulnerabilidad.
“Si no podemos trabajar sobre la amenaza, tenemos que trabajar mucho para bajar la vulnerabilidad y eso nos va a dar la posibilidad de que la unidad de medida riesgo decrezca en los distintos focos geográficos”, detalló Nievas.
Para socializar los desastres (vía prensa, redes sociales, o escuelas) porque la gente sufre un shock y necesita que el gran papá que es el Estado sea capaz de rehacer la trama social, es necesario contar con una sólida base institucional y que suele ser el tembladeral en las situaciones de desastre.
El que se encuentra en calidad de víctima o de damnificado (parecen sinónimos pero no representan lo mismo) requiere al Estado la restitución de lo que perdió. Pero el que está en la categoría de afectado está pidiendo acciones a corto, mediano, y largo plazo.
Si no media una respuesta del Estado, el riesgo es que las víctimas, los damnificados, o los afectados comiencen a proponer soluciones alternativas, sin avales técnicos, y que se ejecuten obras que podrían traer mayores problemas o enormes desilusiones cuando, por ejemplo, una creciente de magnitud se lleve los trabajos de protección en el que todo un barrio puso su empeño durante más de una semana. O que el río se desvié y genere problemas nuevos.

Los antecedentes sobre el río
“Se deberían haber identificados los puntos críticos, ver si coinciden con los estudios previos que hay y que son muy buenos”, expresó Nievas en otro fragmento de la extensa charla y la declaración generó que muchos ojos se abran bien grandes.
Y añadió: “Hay fotografías satelitales, planimetrías, y todo sobre el río. Incluso, estamos avisados desde el año ‘97 cuando hicimos un convenio con la Dirección Provincial de Hidráulica -que duró un año- y en el que vinieron técnicos durante todo ese año. Ese estudio nos sirvió para presentarlo a nivel internacional para la compra de una retroexcavadora que tiene la Municipalidad de Jesús María y fue comprada, exclusivamente, para mantenimeinto del río”. (N de la R. En apariencia, está fuera de uso desde hace dos años porque no le funciona la cadena).
La información que proporcionó Nievas pidió cotejarla con la información que debieran tener los archivos de la Municipalidad. “Las conclusiones (de ese estudio) estaban depositadas en Obras Públicas en la caja fuerte porque era el ABC de todas las defensas del río ya que el municipio por motu propio no puede tocar el río”, indicó.
Para Nievas, todo municipio que es atravesado por un río debiera hacer cumplir a rajatabla el asesoramiento que la Subsecretaría de Recursos Hídricos debe prestarles porque es el organismo que tiene el poder de policía sobre todos los cursos de agua.
El río Jesús María es un río de sierra que se transforma en llano, que tiene varios paleo cauces, es decir, que es un río que necesita sí o sí ser encauzado porque cualquier cosa que hagamos sobre él permite que cambie la fuerza, la velocidad, la escorrentía y el direccionamiento. “La provincia -opinó Nievas- no se puede excluir de esa responsabilidad y el municipio no la puede asumir ni tampoco se la puede cargar a los vecinos”.

No buscar culpables
“La justificación para no buscar culpables es que todo el mundo esté sensibilizado, consciente, que tenga capacidad analítica para entender que no es momento de buscar culpables, aunque sí es momento de reconocer cuáles son las aristas que necesitamos tocar para que no vuelva a suceder esto­”, aportó el especialista.
Otra dificultad, en medio de la necesidad de socializar el riesgo, es entender qué es lo que hay que peticionar ante las autoridades. ¿Técnicos? ¿Alambrados? ¿Piedras? ¿Capacitar a más gente para hacer gaviones? ¿Cierta cantidad de metros cúbicos de gaviones?. Si el diagnóstico procede de una comunidad organizada, es mucho más difícil que los gobiernos centrales esquiven el pedido.
“Solamente se sale con un gran acuerdo social, económico,  y con una sólida plataforma política, es decir, que resulte de la interacción entre las fuerzas vivas y sus autoridades locales”, aportó Nievas.

Salir del desastre
En los protocolos de la ONU se establecen las etapas y las decisiones y los tiempos que hay que utilizar para salir de la situación de desastre. “La evaluación técnica hecha con protocolos internacionales ya debería estar hecha (por el domingo pasado). Ya se saben cuántos son los afectado, cuántas son las víctimas, cuántos son los damnificados, qué montos perdieron los damnificados, cuál es la infraestructura básica que se ha roto. Y, además de eso, están los afectados indirectos. Los vecinos de barrio Italia, por ejemplo, que temen porque el agua les llegó muy cerca esta vez. Obviamente, si eso no ha sucedido hasta ahora y es muy difícil que suceda -no porque no haya capacidad- sino porque van a empezar a aflorar los intereses mezquinos que priman la economía o la relación política por encima de la realidad social”, consideró Nievas.
“Como la política -opinó- va de un lado a otro lo único que nos queda es instalar una agenda pública desde las ONG’s”.
Esa agenda pública tiene que tener un aval técnico porque es el que brinda la justificación de todo lo que se plantea ante las autoridades a las que se le peticionan los fondos para encarar la reconstrucción. Conceptos similares se les trasladaron a las autoridades de Jesús María en la mañana del lunes.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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Año Ocho.
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