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Gratitud en días de inundación…

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Silvana Giraudo y su familia tuvieron que autoevacuarse de su casa de barrio Las Vertientes tras la inundación del 3 de marzo. Todo lo vivido, disparó esta conmovedora carta.

A los que nos rescataron física y emocionalmente y nos consolaron con abrazos y miradas sanadoras.
A los que mientras se derrumbaba nuestra casa ya anidaban en su corazón el proyecto de Dios de ofrecernos otro techo.
A los que rescataron nuestros bienes y los custodian como propios.
A los que nos lavaron la ropa y riegan nuestras plantitas evacuadas.
A los que en los días de la catástrofe, nos dieron una comida perfumada y llena de delicias humanas.
A los vecinos, incansables luchadores, que clavaron sus palas intimidantes en las márgenes del río como signo prodigioso de reconstrucción.
A los que se les conmovieron las entrañas con la tragedia ajena y rescataron sin mirar a quien.
A cada piedra que descargó voluntariamente la gente en el margen del río para recordarle su límite y la necesidad de la tregua.
A los vecinos del frente, a los que el río alejó, pero que el dolor y la desesperación acercaron más que antes.
A nuestras casas que en su estado evocan tsunamis y guerras, pero que exigen íntimamente, volver a ser escenario y testigos de nuestra historia familiar.
A los sauces hermanos, porque antes de irse arrastrados por las aguas, deslizaron en el cauce su semilla porque ansían volver.
A la naturaleza que le dolió arrojarnos encima su bravura porque le urgía soltar el gemido de su legítima protesta...
A las casas que se fueron pero traman ponerse de pie donde la vida las llame para seguir albergando felicidades.
A los puentes viejos que obstinaron sus pilares en el suelo porque no querían que se los rebautizara con el nombre de algún ciudadano desaparecido…
A los medios de comunicación que se olvidaron de sus luchas y desplegaron su sensibilidad y poder despertando conciencias y obteniendo ayudas.
A esas instituciones capaces de compromiso social, con las que se puede contar siempre porque no olvidan su misión.
A los gobernantes que por su negligencia,  por el abandono institucional y por su omisión, asumen la culpa (aunque no lo digan) y cambian su dirección.
A Mariana y a sus ángeles, laboriosos intercesores del Amor.
A Jesús María que en la solidaridad,  decidió desplegar lo mejor de sí misma y brillar…
Al río, que nos dio más días de alegrías que de tristezas.
A nuestras familias que en la cercanía, nos daban la íntima certeza de que todo estaba bien cuando todo estaba mal.
A Isabel, que se fue con las aguas del dolor que la abrumó, pero antes, como una bendición, roció en las márgenes toda su fragancia.
A mi marido que cree en Dios conmigo.
A nuestros hijos que el día de la inundación se hicieron  grandes y ejemplares, más que antes…
A los que no recuerdo en este momento, pero que la vida no olvida.
A Dios, que no causa pero consiente sabiamente los hechos del dolor porque sabe el bien y las bendiciones que en ese parto se dan a luz…
A estas lágrimas de hoy que riegan felicidades futuras…
A todo y a cada uno…¡GRACIAS!

Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción” Gn 41,52

Silvana Giraudo de Fagetti


Autor
Claudio Jose Minoldo

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