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Preparados para la catástrofe

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Foto Gentileza La Voz del Interior
Tras la explosión en la compañía química de Alta Córdoba, las preguntas sobre nuestra capacidad de respuesta ante siniestros sigue latente.

Salvo terrorismo, las grandes catástrofes ocurren por causas ajenas a la determinación humana. Es decir, nadie tiene intenciones de provocarlas, pero una serie de condiciones generan el caldo de cultivo para que ocurran.
Que alguien tenga en depósito materiales combustibles sin autorización es muy malo, casi tan malo como que los organismos de control no hagan inspecciones periódicas en instalaciones de este tipo para corregir, castigar, y hasta clausurar si es necesario.
Sin la existencia de una fábrica de armas o de una industria petroquímica en nuestra zona, uno podría pensar que estamos a salvo de bastantes calamidades, pero la historia reciente nos demuestra que siempre hay peligros latentes.
El primer antecedente de un siniestro bravo data del 6 de enero de 2005 cuando se produjo un incendio en la fábrica José Guma que generó pérdidas por más de dos millones de pesos. El fuego comenzó en la zona de depósitos o en el sector de elaboración, en apariencia, por un cortocircuito. Las llamas alcanzaron 30 metros de altura y en la sofocación los bomberos trabajaron alrededor de siete horas. Más allá de las pérdidas materiales, no hubo que lamentar accidentes con personas.
Más cerca en el tiempo, el 18 de diciembre de 2009, en medio de una inundación sin precedentes se desató un incendio en la pinturería San Guillermo de calle Pedro J Frías. Bomberos tuvo que acudir a la empresa ARCOR para solicitar un tipo de espuma que es el único método efectivo para combatir incendios donde hay material altamente inflamable. En el negocio ubicado al lado de la pinturería había tubos con oxígeno que hubiesen empeorado la situación si se hubiese trasladado el fuego hasta allí.
Y entre lo más reciente, el 23 de diciembre de 2012 se incendió parte de la fábrica Converflex en Villa del Totoral. El fuego se propagó rápidamente debido a que había en el lugar solventes y PVC, que poseen una alta combustión, y alcanzó el depósito donde se almacena el material terminado compuesto por envoltorios para golosinas.
Por la emanación de humo tóxico fueron evacuados los trabajadores que se encontraban en el sector, alrededor de 50, y se pidió a los vecinos próximos  al predio fabril que tomaran precauciones para evitar problemas respiratorios.
En ninguno de los tres casos mencionados, hubo atentado ni negligencia humana sino fallas en los sistemas eléctricos que desataron la catástrofe indeseada.
La pregunta es si esas fallas pueden prevenirse y cuánta de esa prevención depende de la capacidad de control e inspección por parte del Estado. También vale preguntarse si nuestros abnegados bomberos cuentan con los materiales suficientes para combatir este tipo de incendio donde el agua, lejos de ayudar, entorpece.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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