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Agroquímicos vs Salud: Ruralistas aseguraron que no son envenenadores ni asesinos

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A través de paneles con especialistas y demostraciones a campo, la producción agropecuaria se defendió de los ataques que viene sufriendo como supuesta generadora de enfermedades.

El jueves 20 de noviembre en el aeródromo de Juárez Celman, el Ministerio de Agricultura y Ganadería de Córdoba lideró una jornada destinada a autoridades municipales, concejales, y comunicadores en la que se ofreció información técnica y científica respecto de buenas prácticas agrícolas. La oportunidad sirvió, además, para defenderse de los ataques que el sector agropecuario viene sufriendo por la asociación que se hace entre uso de plaguicidas y aparición de enfermedades graves.
De hecho, la molestia de algunos profesionales y funcionarios fue indisimulable y la crítica hacia la posición de algunos medios de comunicación no se hizo esperar. Especialmente, en la difusión del informe preliminar sobre el mapa con los casos de cáncer de la localidad de Monte Maíz y en el que trabajaron docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba. El trabajo y su posterior difusión generaron los momentos más críticos. “No somos envenenadores, ni asesinos”, se repitió literal o solapadamente durante todo el encuentro.
Claramente lo expresó el ingeniero agrónomo Daniel Igarzábal, uno de los moderadores del panel de salud, toxicología, y oncología: “Cuando alguien instala una primicia, después hay que probar lo contrario. Y ellos (por los diversos grupos ambientalistas) pegaron primero y lo hicieron con la salud y, específicamente, con el cáncer”.
Pero la jornada sirvió, más allá del enojo, para discutir sobre otras problemáticas que atañen a la actividad productiva como, por ejemplo, la deriva de agroquímicos en aplicaciones terrestre y aéreas, la existencia o no de intoxicaciones crónicas por la exposición a productos químicos, la necesidad de ajustar las ordenanzas al marco de la ley provincial de agroquímicos 9164, entre otros.

Demostraciones. Uno de los momentos más interesantes de la jornada fue la demostración a campo que se hizo sobre aplicaciones aéreas y terrestres, a través de la utilización de tarjetas hidrosensibles que luego fueron analizadas con escáner y lupas especiales y en los que se demostró que la deriva de productos químicos nuca supera los 40 metros para el caso de las áereas y que casi no hay deriva salvo debajo del paso de la máquina en las aplicaciones terrestres.
Para la experiencia se cargó una avioneta y un “mosquito” con agua y fue monitoreada por periodistas, funcionarios, y autoridades municipales que fueron haciendo la lectura de las tarjetas hidrosensibles que se colocaron a distancias regulares hasta llegar a los 1000 metros de distancia del lugar de la aplicación.
De todos modos, el ingeniero agrónomo Rubén Massaro aclaró que esas mediciones variarían sustancialmente si se utilizaran plaguicidas volátiles y su sugerencia fue que en las ordenanzas municipales debería restringirse su uso y alejar su aplicación de las zonas urbanas, una deficiencia que tiene tanto la ley provincial como la mayoría de las normativas locales. De hecho, sugirió que a ese tipo de herbicidas habría que irlos reemplazando paulatinamente por otros, a través de una prohibición concreta.

El control, la clave. El ingeniero agrónomo Alberto Etienot junto a sus colegas Daniel Igarzábal y Rubén Massaro, tres autoridades a nivel nacional en manejo integral de plagas y sanidad vegetal, pusieron énfasis en la necesidad de llevar tranquilidad a las comunidades, a través de estrictos controles. “Está muy bien que haya una ley macro, pero el que tiene que aplicarla es el gobierno local porque sabe cuáles son las especificidades de su comunidad. Y para disminuir riesgos es necesario que se incorporen cuestiones técnicas en las ordenanzas que hoy están faltando”, opinó Massaro.
Para Etienot la otra clave es la capacitación de los aplicadores que tienen que saber que se pueden aplicar productos fitosanitarios en determinadas condiciones de clima, con  determinada calibración de la maquinaria, y con un tamaño de gota adecuado en cada pulverización. Pero también aclaró por qué es tan difícil hablar de intoxicación crónica por agroquímicos: “No nos dejemos subyugar con la idea de la toxicidad crónica porque lo que importa es la duración del contacto con el agroquímico”. La referencia es a que no hay un contacto diario con agroquímicos porque no se aplican todos los días estos productos sino solamente durante las campañas y durante determinados días.

Con controles. Los intendentes de Colonia Almada, Corralito, Tancacha y Monte Cristo fueron encargados de informar cómo lograron frenar los enfrentamientos entre productores agropecuarios y vecinos, a través de sencillos métodos de control. En esos casos, cuentan con una estación meteorológica móvil a la que el vecino puede acceder desde una PC y saber si las condiciones de viento, temperatura y humedad son las adecuadas para pulverizar.

Contradicen estudio de Monte Maíz
Recientemente, se difundió un relevamiento preliminar hecho por docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba que estableció que en Monte Maíz hay muchos más casos de cáncer, y de otras enfermedades, que en los promedios nacionales y provinciales. Esos datos fueron desmentidos durante la jornada del pasado jueves en Juárez Celman.
El médico oncólogo Martín Alonso fue quien rechazó enérgicamente los resultados preliminares: “Las conclusiones a las que llegó el periodismo sobre este registro son erróneas. No hemos encontrado tasas de cáncer aumentadas en ningún lugar de Córdoba. No tenemos tasas diferentes de una ciudad a otra o de un departamento a otro. Hay, obviamente, en el interior (provincial) un subregistro de cáncer, pero ese subregistro es compartido por todo el interior. Si comparo dos departamentos, uno del norte y uno del sur, el subregistro que tengo es en ambos igual”. Vale destacar que Alonso es director del Hospital Oncológico Provincial, presidente de la Fundación Oncológica Córdoba, y referente provincial del Instituto Nacional del Cáncer.
“No se puede hacer un terrorismo estadístico como el que se está haciendo hasta el momento. Porque hay una ética del estudio estadístico y es no vulnerar los derechos de la población es estudio. Utilicemos la información con responsabilidad porque creo que al pueblo de Monte Maíz esta publicación que se hizo lo ha perjudicado en una forma concreta. ¿Quién de ustedes compraría una casa en Monte Maíz o quién se iría a vivir ahí en una ciudad donde todos tienen cáncer?”, añadió con enojo el médico especialista en Oncología.
El secretario de Agricultura de Córdoba, Juan Cruz Molina, sumó su punto de vista crítico también: “Me llama mucho la atención que después de un proceso de no más de tres o cuatro días un grupo de estudiantes dirigidos por algunos profesionales terminan publicando información que lo primero que genera es miedo y ese miedo genera daño. La Universidad tendrá que responder a los cuestionamientos que ya no están haciendo a nosotros los productores porque entienden que lo que dicen estas personas no es toda la verdad”.
“Los resultados científicos llevan todo un proceso, un tiempo de recopilación, elaboración, chequeo,  para después llegar a la etapa de difusión. Ningún trabajo científico se termina publicando en tres o cuatro días”, completó Molina.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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