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Marisol, mi tía Willy, y el perfume de mujer

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Por: Juan Manuel García Escalada (Docente - Piscólogo Social)

Voy caminando por la calle Tucumán frente a la Plaza Pío León y llamo al celular de Marisol. Le pregunto si quiere ir a un encuentro de perfumes en nuestra ciudad.
- “Me tengo que vestir de una manera especial…” me pregunta.
 Sólo respondo que su gusto por combinar ropa y detalles está bien y la hará sentirse cómoda.
Vuelve a insistir. “Qué perfumes, dónde es el encuentro, me gustará, habrá mucha gente, cómo es el lugar…
Le insisto que no se llene de ansiedad. Y que alrededor de las 16.45 pasaré a buscarla, e iremos caminando, aprovechando la incipiente primavera.
- Me encanta caminar por la ciudad y charlar mientras lo hacemos. Me sorprenderás…, afirma interrogativamente; y le contesto: “Creo que sí…”
Pienso en Marisol. Es una mujer independiente y que comprende que la vida es como lo decía Heráclito: “El río que corre mantiene el agua limpia”. Sólo en movimiento demuestras que está vivo. Siglos atrás el poeta inglés Williams Blake escribió: “Toda agua estancada termina por descomponerse”.
Hasta que llegue la hora del encuentro terminaré de hacer algunas tareas en el centro; luego remonto la Avenida y me “pierdo” en mis cosas…”
Hemos llegado caminando plácidamente con Marisol al lugar prometido. Miro su rostro que me dice: “¡Una casa de Té! No me lo imaginaba”.
- Escúchame Marisol, sé que te fascinan los aromas, que te hacen sentir más sensual, más libre, pero te puedo asegurar que en los sabores también  encontrarás esas sensaciones.
- Cuando era un chico que todavía no había llegado a la puerta de la adolescencia, mi abuela Isolina solía llevarme de paseo a Santiago del Estero. Que tú sabes, nací allí. Siempre visitaba a su hermana Elisa y a su hija. A esta hija la llamaban Willy. Era para mí: Mi tía Willy Vignolo.
No estaba enamorado de ella, sólo que me gustaba su capacidad intelectual y su estética personal y cultural.  Siempre la recuerdo porque era llegar a su casa, y sentir en el ambiente las volutas que dejaban las tostadas en el aire y el incomparable aroma de los más diversos tés en hebras. Té a las cinco de la tarde. Pero más allá de la hora inglesa al servirlo, era ¡cómo lo servía!, una pequeña ceremonia de aromas y luego, de conversaciones.
- Hoy me internaré en los aromas del té, dice Marisol y se sorprende por la carta, ¡Hay nombres de mujeres! Empezaré…( cierra los ojos) y señala  la primera infusión, elige “Elisa”. Creo que me va ésta: Hojas jóvenes de té verde chino, con jazmín y mandarina de Asia. Y pétalos de girasol. Lo acompañaré con un Gravlax de salmón, más verdes, más queso crema. Especial para mi silueta, no lo crees?
- Es una forma de homenajear a la mujer, le digo. Encontrarás sabores suaves, vigorosos, sutiles, amables, intensos, sensuales; pero todos tendrán ese toque de Perfume de Mujer que las hace a ustedes tan conquistables.
- Me halagas.
- Si observas los nombres de las infusiones son muy “particulares”. Elisa, recuerda a Beethoven, Frida Khalo, a la pintora mexicana, Alfonsina, a la gran poeta argentina, Beatrice, a la amada de Dante Alighieri, Merlina, en homenaje a la sabiduría femenina y por último Clement, de Gabriela, una compañera de trabajo, y que en recuerdo de ella y su iniciático salón de té, bautizaron a uno de los tés a servir. Me gustó la idea de los responsables de Inocencio al dar un lugar en el recuerdo para la gente que vivió aquí. Por mi parte yo elegiré Beatrice: Earl Grey de bergamota con la elegancia de los tés Darjeeling del Himalaya y lo acompañaré con unos cakes cítricos.
- He pensado en mi trabajo de pequeña empresaria, dice Marisol, y a medida que ha transcurrido el tiempo de mi vida comprendo que he buscado el difícil equilibrio entre tener y ser. Me he inclinado más por el Ser. Creo que los que trabajamos en el comercio (en el debe, en el  haber, en capital, en bienes, en comercializaciones, etc), en general, debemos aprender a tener un responsabilidad social empresaria. Porque la cultura no la hace una Secretaría, ni una sección de gobierno que diga Cultura. La Cultura la hacemos cada uno de los habitantes de la ciudad y de esa manera encontramos identidad, respeto ciudadano, y dejaremos buenas improntas a las nuevas generaciones…Este té me ha puesto a dialogar más profundamente. Me gusta que me hayas invitado. ¿Algo más?
- Sí, le respondo. Voy a pedir un “Espresso Inocencio”, ¿me acompañas?
- Donde tú quieras. Me gusta el tono italiano al nombrar el café.
- El café, más chocolate, más leche, más canela y chantilly es sabroso, está bien tirado, y a temperatura ideal. Y el sabor: ¡Una sabrosura. ¿No te parece?
- En otra ocasión te invitaré yo, dice Marisol. Ahora te invito a mi casa y te daré una sorpresa que te va a agradar muchísimo…
- Me sorprenderé?
- Estoy segura de ello…


Autor
Claudio Jose Minoldo

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