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Lejos de toda especulación intelectual, el fútbol vuelve a ser un motivo de alegría sin distinción de ideologías, banderas, colores, y casacas.

A quienes acusan al fútbol de embrutecer a las masas, les recomiendo la lectura de El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano. El genial escritor uruguayo desgaja en esas páginas cientos de historias futbolísticas que tienen que ver con los seres de carne y hueso que hicieron y siguen haciendo del fútbol un deporte muy popular.
Sirve, además, para saber sobre los héroes del esférico en Sudamérica, pibes salidos de potreros, pibes en los que se cumple mágicamente el deseo de ascenso social, pibes que vuelven para ayudar a sus padres y hermanos con el producido por sus pies.
Huelga recordar las historias de Ángel Di María o del “Kun” Agüero, o del “Pocho” Lavezzi, pibes que hicieron enormes sacrificios junto a sus seres queridos para salvarse jugando al fútbol. Le gambetearon a la pobreza y se acercaron al Olimpo del reconocimiento sin dejar de ser ellos mismos en el camino. Se nota en sus declaraciones, en la humildad de sus palabras, en la devoción hacia sus familias.
El fútbol, además, siempre ha servido como metáfora de la Argentina. Cuando la Selección tuvo flaquezas, hemos visto nuestras propias miserias reflejadas dentro de la cancha. “Nos han cortado las piernas” cientos de veces, nos han manchado la pelota otras tantas, y hemos llorado de frustración durante cinco mundiales seguidos.
Este fin de semana, se da el hecho histórico de que la Selección vuelve a brillar en lo alto y 40 millones de argentinos hemos hinchado el pecho sobre esa proeza. Ojalá que no nos equivoquemos de metáfora, esta vez.
No llegamos a ese podio por brillantes sino por sacrificados. Estamos en ese lugar por la entrega antes que por la gambeta. Se lució más en este equipo Mascherano que Lionel Messi y ésa es la fuente de la que podemos abrevar.
El camino hacia la unión nacional se puede lograr si salimos a jugar cada partido como Mascherano, si nos contagiamos de su capacidad de contagio, de su liderazgo, de su dedicación, del cumplimiento exacto de su misión en la cancha.
Tendremos que ser capaces de “Mascheranear” todo el tiempo y durante mucho tiempo para sacarnos adelante en todos los desafíos que nos restan por concretar.
Sabiendo que los que están en el banco tienen que estar encendidos para cuando les toque su momento. Que se llene de Pérez, de Biglias, de De Michelis, de Basantas.
En definitiva, que logremos armar un “equipo” donde titulares y suplentes pechen en el mismo sentido hacia los objetivos que siguen pendientes. Ah, y tan importante como todo lo otro: que se llene de Sabellas, de gente que sepa armar equipos, que sepa conducirnos hacia lo alto, sin mezquindad, con trabajo, con mucho respeto.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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