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“A veces sentimos que no somos parte de Jesús María”

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Crónica desde Sierras y Parques, un barrio “discriminado”, donde cientos de familias eligen armar su proyecto de vida.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra redacción)

Escena 1. ¿Dónde vivís?, pregunta una mujer. Norma Vera (47) piensa, duda, decide ocultar su barrio, Sierras y Parques, y responde: En Estación Caroya.
Escena 2.  Son más de las 21 de una noche de semana y Norma espera por su hijo, que debe regresar del centro de la ciudad. Los altos pastizales, la falta de luz, y algunos hechos delictivos se convierten en un coctel que burbujea nerviosismo, temor e incertidumbre.
Escena 3. Alberto Monzón (55) vuelve como tantas veces a su casa, los controles policiales en la vía pública están al correr y siente que “cae cualquiera”. Tiene miedo.
Los tres actos forman parte de la vida cotidiana de una familia del barrio Sierras y Parques. Las tres instancias remiten a diversos tipos de inseguridad. Los protagonistas dan estos ejemplos para intentar desterrar una idea que, sienten, se apropia de algunos de sus vecinos de Jesús María: “Nos discriminan, nos tratan de chorros, y nosotros también sufrimos inseguridad”.
La familia Monzón abre la puerta de su casa. Noche de invierno, el mate caliente y el pan casero sirven para aguantar el frío. Esta cara de Jesús María nada tiene de la versión turística, comercial y moderna tan publicitada. Las irregulares calles de tierra, la falta de infraestructura pública y las viviendas a medio terminar dan una pintura que seguro no estará en las promociones de la ciudad puertas afuera.
La ruptura entre este barrio y el centro se expresa hasta en lo más simple del lenguaje. “Cuando vamos de compras, muchos decimos ‘vamos a Jesús María’, en vez de decir que vamos al centro, como si no fuéramos parte de esta ciudad”, cuenta Norma. Y cuando se encuentran en esa parte de Jesús María suelen ocultar el barrio en el que viven. Lorena (28) hija de Norma y Alberto, aclara: “No es que tengamos vergüenza, pero cuando decís que ‘soy de este barrio’ mucha gente te mira con otra cara. No es todo el mundo, pero está tan mal nombrado que por ejemplo cuando buscás un trabajo a veces preferís no decir ‘soy de Sierras y Parques’”. “Hasta en la radio nos discriminan”, le apunta Laura (26). “Estamos castigados, y acá hay gente que trabaja, gente buena, y también hay gente mala como en cualquier barrio”, completa la idea Lorena.

¿Quién nos cuida?
En el barrio, “como en todos lados se sufren robos”. Y ahí, comparte Laura, “tenemos una gran contradicción”. “Queremos más policía pero no que ande como anda ahora, parando y llevando a cualquiera, sino que agarren al que vende porquería o roba que saben dónde está”. En su caso tiene grabado de forma patente un encuentro con un efectivo, ocurrido hace más de tres años, y que asegura se repite con otros protagonistas. “Iba con una bolsa con ropa, había salido a comprar, y me para. Me preguntó: ¿dónde iba? ¿qué llevaba en la bolsa? ¿cuánto iba a comprar?”. Laura toma un profundo sorbo de aire, y otra vez le gana la indignación, como si repitiera esa escena que cuesta imaginar en la cotidianeidad del centro urbano. Con sentido común, se pregunta “¿Por qué?”.
El padre de Laura no tiene vueltas en este asunto: “Le tengo más miedo a la policía que a cualquiera. Te paran y tenés que justificar cada cosa que hacés, y te da miedo porque sabés que cae cualquiera”. Pero por otra parte, “en el barrio se sufre inseguridad, se roban bicicletas, garrafas, a mi hijo lo han desnudado y dejado sin ropa”. Entonces, no son pocos los que se sienten desprotegidos e inseguros, en medio de esta realidad.

Lugar en el mundo 
“El barrio es lindo y yo de acá no me voy a mover”, dice Laura mientras piensa en su hijo de 12 años, con algunas lágrimas que asoman. Esta familia, como otros vecinos, valora algunas acciones públicas como la creación del Polideportivo, el fomento de talleres culturales y deportivos, pero entienden que “todavía faltan muchas cosas”. Dentro de una larga lista de demandas, que van desde la reposición de luminarias hasta la mejora de las calles, ponen el acento en los derechos de la juventud. “Necesitamos más actividades para los jóvenes, que se hagan más actividades y más constantes. Hay mucha necesidad de los chicos por mostrar que pueden hacer cosas y necesitan espacios y tiempo para eso”.
Norma ceba el último mate. Lorena queda con sus ojos clavados en el futuro del barrio. Alberto da un apretón de manos al cronista y lo despide. Una familia, un barrio, una mirada de la ciudad que habla de romper muros, de desechar etiquetas, de pensar la comunidad y vivirla como tal.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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