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Gandarmería Nacional recordó el bautismo de fuego en la guerra de Malvinas con una emotiva ceremonia

En el monumento que les rinde homenaje se colocó una ofrenda con turba malvinense y se recordó a los gendarmes que ofrendaron su vida durante el conflicto bélico contra el Reino Unido en 1982.

El pasado 30 de mayo, en la plaza de armas de la Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional Cabo Raúl Remberto Cuello, se llevó a cabo la ceremonia conmemorativa del bautismo de fuego de Gendarmería Nacional en el teatro de operaciones del Atlántico Sur.
El 28 de mayo de 1982, 40 gendarmes partieron a bordo de un avión Hércules C 130 de la Fuerza Aérea Argentina. Fueron los únicos que pudieron prestar servicio en las islas Malvinas. Por iniciativa de sus integrantes, se autobautizaron como escuadrón Alacrán. Su principal aptitud era llevar adelante operaciones de tipo comando y con ese cometido fueron alistados el 29 de mayo de aquel año.
Durante la mañana del 30 de mayo, después de sobrepasar las últimas posiciones argentinas y mientras el helicóptero que los trasladaba se aproximaba a su objetivo, fue alcanzado por un misil disparado desde un avión Sea Harrier enemigo.
Pese a que el impacto fue a la altura de la cola del helicóptero, la pericia del piloto logró evitar que se estrellara la nave, pero en tierra comenzó a incendiarse y a generar explociones debido a la gran cantidad de munición que transportaba.
El sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta logró rescatar al subalférez Oscar Rodolfo Aranda en medio de las llamas y el humo del helicóptero. También fue rescatado, aunque con sus piernas muy lesionadas, el sargento Justo Rufino Guerrero por sus camaradas el segundo Comandante Jorge Enrique San Emeterio y el sargento Primero Miguel Víctor Pepe.
Pese a los esfuerzos no pudieron impedir que fallecieran otros compañeros del escuadrón por la explosión de la aeronave. Ese 30 de mayo fallecieron el primer Alférez Ricardo Julio Sánchez, el subalférez Guillermo Nasif, los cabos Primero Marciano Verón y Víctor Samuel Guerrero, el cabo Carlos Misael Pereyra y el gendarme Juan Carlos Treppo.
Más tarde, el 10 de junio, en cercanías del Monte Kent los hombres del escuadrón Alacrán de Gendarmería Nacional fueron emboscados. El saldo de esa emboscada fue que el subalférez Pablo Parada terminó con heridas de consideración y fue abatido el sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta que fue ascendido a suboficial Principal pos mortem.
Hoy, integra la fuerza la cabo Primero Noelia Carolina Guerrero, cuyo padre Víctor Samuel Guerrero falleciera durante el bautismo de fuego de la fuerza en Malvinas. Ella fue la encargada de decir unas palabras que resumieron lo que Malvinas significa para la fuerza de seguridad. Sirvió, además, para hacer una síntesis personalísima sobre lo que el acto de arrojo de su padre significó para la familia.
“Cuando la Dirección de esta escuela me dio la posibilidad de expresar mis sentimientos sobre este hecho trascendental para todos los argentinos y en particular para mí, solo me vino a la mente una palabra: orgullo. Orgullo de ser la hija del cabo Primero Víctor Samuel Guerrero fallecido con tan solo 23 años, dando la vida por la patria. Orgullo de sus valores personales y profesionales. Orgullo de su sentimiento de pertenencia a esta Fuerza”, señaló en un tramo del discurso Guerrero.
“En ese entonces -añadió la Cabo Primero- yo tenía un año de vida pero por los dichos de ella (la madre) y de algunos compañeros de él supe que estaba contento de haber sido elegido para realizar esa misión. Incluso, me enteré de que se ofrecieron para cambiarle su lugar, debido a su situación familiar de recién casado, con una niña pequeña y esperando a su segundo hijo. Sin embargo, no dudó un instante en cumplir con su deber de Gendarme. Ese mismo día se despidió de nosotros prometiéndonos que iba a regresar”.
Tras las palabras de Guerrero, en el monumento a Malvinas que se encuentra en la plaza de armas del instituto, junto a Irma   Figueredo, esposa del fallecido  suboficial Mayor Natalio Jesús Figueredo, y el comandante Gustavo Sergio Velardes -otros de los que estuvieron en la guerra de 1982- depositaron una porción de turba malvinense donada a la escuela por el suboficial Mayor Miguel Víctor Pepe. Además, colocaron una palma de laureles, en memoria de los héroes nacionales caídos en combate, y les rindieron homenaje con un minuto de silencio.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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