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El cambio y el recambio

Nunca se trata de cambiar por cambiar nomás, pero a veces es necesario un golpe de timón si lo que se pretende es torcer un estado de cosas.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa, entre finales de 1954 y 1957, escribió la novela Il Gatopardo que narra las vivencias de Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, y su familia, entre 1860 y 1910, en Sicilia (Palermo y Palma di Montechiaro).
En 1959 obtuvo el Premio Strega, y en 1963 Luchino Visconti la adaptó al cine. "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie" , revela uno de los personajes cetrales a su tío en la novela que fue publicada pos mortem porque ninguna editorial quería editarla en su momento.
 En ciencias políticas se suele llamar "gatopardista" o "lampedusiano" al político que inicia una transformación política revolucionaria pero que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras.
Tomasi di Lampedusa fue acusado de "reaccionario" por mostrar como arribistas deshonestos a los políticos. Sectores conservadores y derechistas condenaron la obra por presentar a la aristocracia y burguesía como interesadas solamente en obtener (o mantener) privilegios sociales. Inclusive hubo críticas de intectuales de izquierda en tanto el autor mostraba al campesinado como "carente de conciencia de clase" y opuesto a la modernidad.
En 2015, los ciudadanos peregrinaremos a las urnas varias veces a lo largo del año. Tendremos que elegir intendente, gobernador, presidente (o intendenta, gobernadora, y presidenta) y será preciso estar atentos para no caer en la trampa de los que proponen que todo cambie para, una vez en el poder, hacer que nada cambie.
Ejemplos son los que abundan y sobran sobre esa clase de políticos. A muchos de ellos ya ni siquiera les interesa la posibilidad de motorizar cambios que contribuyan a la mejoría en la calidad de vida de sus gobernados. Se han desgastado en el ejercicio del poder y ya no le generan a la ciudad, la provincia, o el país ninguna idea o actividad que la saque del letargo.
Y tan grave como eso, es que nos hayan sumido en la creencia de que debemos tolerar mansamente que se enriquezcan utilizando fondos públicos. Que corrompan el funcionamiento del Estado a través de prebendas, coimas, y actos condenables jurídica y moralmente.
Y tan grave es también que nos hayan sumido en la creencia de que debemos acostumbrarnos a ser rehenes de cierto partido, agrupación, o movimiento. Porque unos cuantos políticos han caído en el mesianismo más absoluto que sugiere que después de ellos está la nada.
Elegir un gobernante es un acto consciente, reflexionado con el corazón, la cabeza, y el estómago. Y también es un acto de esperanza, ese caminar hacia la utopía que retrocede tantos pasos como cuantos avanzamos hacia ella. Ojalá que en el ejercicio de nuestra ciudadanía tengamos la lucidez para erradicar a los que no quieren el cambio.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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