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Después de visitar Malvinas, veteranos sienten que se cerró un capítulo

Necesitaban un desahogo porque no lo habían tenido en 1982. Llevaban un mandato no escrito de uno de los veteranos de Caroya ya fallecido. En las islas, se encontraron con que hay pertrechos de guerra que todavía testimonian la gesta de nuestros héroes.

Entre el 10 y el 17 de mayo, tres de los excombatientes de la guerra de Malvinas de nuestra zona tuvieron el privilegio de estar en territorio isleño y volver a revivir los momentos que les tocaron vivir hace 32 años.
Eduardo Suárez, Pedro Tirabosqui, y Eduardo Álamo hicieron la travesía que los separa de Río Gallegos por tierra (antes de subirse al avión que los llevaría a la isla compartieron empanadas de cordero y cordero a la llama en abundancia) y pisaron suelo argentino el sábado 10 de mayo.
Para esa fecha, pero en 1982, argentina todavía defendía la posición sobre la isla y el clima era tan cruel como lo fue durante esta visita ya que hasta nieve pudieron ver.
Aunque Álamo y Tirabosqui no pudieron ir hasta el lugar donde ellos combatieron, en la isla Gran Malvina, porque había que hacer una travesía de 200 kilómetros en automóvil y después cruzar con un ferry desde la isla Soledad, de todos modos tuvieron su dosis enorme de emoción y llanto porque se encontraron con algunas trincheras, cocinas de campaña, pertrechos de armas, en esas pequeñas colinas desde la que muchos compatriotas defendieron la posición.
De hecho, en una zona donde había una cocina de campaña abandonada filmaron un fragmento de video muy íntimo en el que vivan a la patria, insultan a los ingleses y hacen flamear una bandera celeste y blanca con la consigna “volveremos”.
En Gallegos y en las Islas Malvinas se toparon con otros veteranos de la provincia de Buenos Aires que habían llegado hasta Malvinas porque sus municipios les habían regalado el viaje. Todo un gesto si se tiene en cuenta que los nuestros tuvieron que financiarse parte por su cuenta y parte con un bingo y la generosidad de un empresario privado.
La queja generalizada es el valor que tienen las cosas en Malvinas ya que la libra tiene una cotización superior a la que tiene la moneda norteamericana y con el cambio perdían.
Una curiosidad: la delegación de Buenos Aires tuvo dos combis con chofer durante su estadía en las islas que resultaron ser dos militares vestidos de civil. Como buenos zorros que son, no dejan librado al azar nada y hacen “inteligencia” aunque se trate de un contingente de turistas.
Otra curiosidad: un músico argentino en uno de los boliches isleños interpretó Aurora en medio de aplasusos del público local que no estaba al tanto de la picardía de este símbolo cantado en las islas.
Y así, las anécdotas se fueron sucediendo al regreso de nuestros tres héroes, en una reunión que mantuvieron con otros camaradas el pasado miércoles por la noche en la sede de la Asociación Civil Veteranos de Malvinas del Norte de Córdoba.
Y por muy poco tiempo, Suárez no celebró su cumpleaños allá (cumple el 19 de mayo), como sí tuvo que hacerlo durante 1982 cuando tenía apenas 25 años.
Cuando se iban, Suárez dijo que íbamos a tener que esperar hasta que vuelvan para saber qué sintieron, de modo que eso fue lo primero que preguntamos.
“Para mí fue un tremendo desahogo haber podido volver, visitar el cementerio, ver el lugar donde me tocó combatir. Si bien han pasado muchos años y ha cambiado todo ese lugar, me hizo bien volver, aunque haya sido emocionante y hayamos llorado. Realmente, fue un de-sahogo”, narró Suárez.
La experiencia los lleva a pensar que el resto de los compañeros tienen que viajar en el futuro. “Ése es el objetivo -añadió Suárez- aunque no nos haya ido tan bien por el aumento del dólar, pero creo que a todos nos hace falta, es una cuenta pendiente que uno tiene que ir a cerrar”.
Tirabosqui también se mostró satisfecho por el viaje: “Cuando fuimos al cementerio sentimos una emoción tremenda. Aparte, en mi caso, pude ver la tumba de mi compañero de pozo. Y más allá de que no pudimos cruzar (a Gran Malvina) anduvimos en los montes y vimos mucho. Estoy contento de haber ido”.
Finalmente, Álamo resumió el sentimiento sobre el viaje ya que iba con el mandato de llegar a las islas con el deseo de volver que en vida abrigó Héctor Leita: “El gringo estuvo con nosotros tres desde que partimos, desde que subimos al avión sentí que nos acompañó todo el tiempo. Cuando estaba allá, al segundo día me preguntaba si había hecho bien en volver. Después, mirándolo fríamente creo que nos hacía falta porque no habíamos tenido tiempo de llorar cuando estuvimos en el ‘82. Es cerrar un capítulo que había quedado inconcluso cuando estuvimos la primera vez”.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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