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Una autocrítica para bien

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Durante la cobertura de un hecho periodístico se dio un interesante debate entre colegas sobre el rol del periodismo en nuestros días.

En otras editoriales, este semanario ha presentado argumentos sobre el lugar que tienen los medios de comunicación y el lugar que la gente decidió darles a los medios de comunicación.
Hoy, más que nunca, es necesario señalar que nuestra tarea periodística tiene límites: legales, éticos, y personales. Para muchas tareas que la gente pide de nosotros es necesaria una preparación que no todos tenemos, un tiempo que no todos queremos dedicar, y una retribución que no muchos jefes están dispuestos a pagar. En esas complejas aguas nos encontramos.
Muchas personas están convencidas que el rol del periodista es investigar y por eso creen que es obligatorio hurgar en cualquier chusmerío de feria, aunque no tenga ningún asidero ni seriedad. Esas mismas personas creen que si no investigamos es porque estamos cooptados por el poder político de turno o por el poder económico, o poderes mucho más ruines y ocultos.
Sepan que la “investigación” en periodismo es una rama para la que hay que tener preparación y que no se brinda como materia en la carrera de comunicación o en la de periodista. La mayoría de los periodistas de “investigación” (que son poquísimos por cierto) adquirieron esa calificación con estudios de posgrado y muchas veces en el extranjero.
De todos modos, la investigación de los hechos de corrupción, y de los delictivos, les corresponde a otras fuerzas de seguridad y al Poder Judicial, a través de sus fiscales y jueces.
Otros creen que el rol del periodismo está en la denuncia y por eso creen que es el periodista el que tiene que señalar cuáles son las situaciones irregulares, las sospechosas, las que están en el límite de lo legal o de lo ético. Y se olvida de que la representación política de cada vecino es la que tiene que encarnar ese rol. De hecho, son los funcionarios electivos quienes cobran una remuneración para ejercer los controles en los distintos estamentos del Estado. Por eso existe la democracia representativa.
No vamos a caer en la candidez de pensar que los periodistas deben limitarse a narrar los hechos de los que son testigos con la mayor objetividad posible. Los periodistas somos actores sociales que también gravitamos en la opinión pública de acuerdo a la forma que elegimos para comunicar un hecho. Pero nuestro poder no llega, en ningún caso, a torcer una voluntad ciudadana o a dar vuelta la opinión de un grupo de votantes.
Para este editor resultó estimulante saber que otros colegas comparten la inquietud sobre qué tal estamos ejerciendo nuestra profesión en estos días y que son capaces de reconocer que tenemos límites infranqueables y que también decidimos donde poner el freno frente a determinados hechos noticiosos. En ese debate, cada colega tomará los elementos que le sirvan para mejorar su desempeño profesional.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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