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Salvando algunas contradicciones

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El acceso al agua potable fue declarado como derecho humano fundamental, pero los consumidores no toman conciencia sobre su uso.

Ahora que llovió, ahora que llovió mucho, ahora que llovió tanto, ahora que no deja de llover desde febrero es momento de ponerse a pensar sobre el famoso ciclo del agua que enseñaban en la escuela y que tan diferente luce en nuestra geografía y en nuestros tiempos.
Salvo el agua subterránea que puede contaminarse por minerales nocivos que se encuentran en las profundidades (arsénico, nitritos, nitratos, etc), la mayoría de las contaminaciones del agua son producidas por el ser humano. Hemos contaminado napas con desechos cloacales, cursos de agua con desechos industriales o arrojando en ellos residuos de todo tipo.
Y como el acceso al agua potable es un derecho fundamental hemos tenido que hacer enormes inversiones para descontaminarla y poderla enviar a la red para que sea consumida. Cloración, ozonización, y hasta incluso métodos más costosos vienen siendo utilizados en todo el mundo para que el agua  sea potable.
Entonces, el agua, además de ser un derecho humano fundamental, también se transformó en tarifa, en servicio público, en obligación del Estado que suele traspasarle la responsabilidad a empresas de servicios públicos.
Y conforme crecen las ciudades, hay que extender la red, reparar la red obsoleta, y modernizar la cañería de transporte, sin por ello dejar de pensar en la sanidad que debe tener el agua apta para consumo humano.
O sea que es un derecho, pero hay que pagar por él para poder ejercerlo. Lo digamos mejor: antes que derecho, primero fue tarifa y la contradicción surgió cuando acordaron que tenía que ser derecho.
Convengamos también que el ejercicio de ese derecho es muy accesible y que el incumplimiento en el pago de tarifas casi nunca ha generado una exclusión de los morosos sobre el uso de la red.
En nuestra zona, la prestación del servicio de agua potable es, históricamente, deficitaria. Con lo que se cobra es prácticamente imposible sostener el sistema y mucho menos pensar en reinvertir para hacer cada vez más eficiente el sistema. Por eso, es que el prestador echa mano de otros servicios para subsidiar al deficitario. Ocurre con los servicios que presta la Cooperativa y con los que prestan las Municipalidades (Jesús María y Sinsacate).
En lo que no han reparado los usuarios es que, además de derecho humano muy accesible, es un bien escaso que sobra cuando llueve mucho y falta cuando hay sequía prolongada. Por eso, resulta imperioso cuidar el recurso, no malgastarlo, ser prudente en su uso, hacer eficiente su estadía en los hogares.
¿Para qué? Pues para que no salga tan caro después en las tarifas, para que ayude a que las inversiones sean menores en la red, para que pueda el uso racional hacer que nunca falte y que llegue a todos los sectores.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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