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Catamarca: el turismo arqueológico es un importante atractivo de Belén

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Fuente: Alejandro San Martín | Télam

Los estudios arqueológicos sobre las primeras culturas desarrolladas en Catamarca abrieron en los últimos años un nutrido campo para todos los visitantes interesados en la figura del calchaquí y las civilizaciones nativas del Noroeste Argentino (NOA).

Entre los siete departamentos de importancia a nivel arqueológico de la provincia, Belén se distingue por la gran cantidad de atractivos que alberga.
En la intrincada geografía del NOA y, sobre todo, en la del territorio catamarqueño, se conformó la llamada Área Andina Meridional, una de las zonas con más raíces en la América nativa, donde se han encontrado los vestigios más antiguos y también más ricos de las culturas originarias.
Interesados por la magia de sus producciones en lana y cerámica, los visitantes quedan fascinados por esos testimonios del pasado de los primeros habitantes del continente.
La zona, comprendida por la puna, valles y quebradas, albergó culturas que se relacionaban a partir del intercambio de productos.
Las lanas y carnes de llama que poseían los pastores puneños eran comercializados por los pobladores de las zonas más bajas, poseedores de maíz, algarrobo y chañar.
La fluida circulación de productos habilitó diferentes caracteres culturales que los arqueólogos diferencian a través de los estilos cerámicos.
En el departamento de Belén se puede realizar un recorrido de sur a norte, con la posibilidad de iniciarlo en el Shincal, vecino a la localidad de Londres.
 Compuesto por ruinas incaicas, el centro administrativo y el complejo de almacenamiento de producción minera y agrícola, estos restos arqueológicos eran parte de la compleja red de caminos que comunicaba esta localidad con la ciudad de Cuzco, capital del imperio, miles de kilómetros al norte.
 Estas ruinas corresponden a uno de los tantos caminos del Inca en su conquista de pueblos del sur -como en este caso los diaguitas- y fueron descubiertas Adán Quiroga.
Unos 86 kilómetros al norte de Belén, por la ruta nacional 40, se llega a Corral Quemado, una localidad, reconocida por sus restos arqueológicos, cuyo nombre alude a las formaciones geológicas denominadas jasis, que se asemejaban a barcos anclados en un puerto antiguo.
De imponente belleza natural y exuberantes paisajes, Corral Quemado está rodeada de cerros arcillosos y montañosos, donde valles, quebradas y senderos secretos son un desafío para el turista.
Esta localidad conserva en su predio municipal una tortuga marina a gran escala que, según estudios, se trata de un gliptdonte de 7.000.000 de años.
También alberga importantes restos de árboles petrificados de diferentes períodos, fragmentos óseos de manifestaciones culturales indígenas, algunas pircas y dibujos rupestres sobre rocas, que son muestras de la existencia de aborígenes de pueblos aún sin catastrar.
 Más al norte se llega al Pucará de Aconquija, un imponente atractivo arqueológico sobre una cima que domina todo el Campo de Pucará y las serranías adyacentes.
Allí persiste una muralla de unos tres kilómetros y hasta tres metros de altura, que el perímetro de 380 hectáreas ocupadas por viviendas y barracas, que según especialistas data de unos 500 años.
Los arqueólogos afirman que las interrupciones de la muralla se deben a un posible abandono del lugar por parte de estas civilizaciones incaicas ante la llegada de los españoles.
La ruta 40 lleva de allí al valle de Hualfín, donde a orillas del río del mismo nombre y a 4.862 metros sobre el nivel del mar se encuentra La Ciénaga, lugar donde entre los años 0 y 600 tuvo origen a la cultura homónima.
los aguada pertenecían al período agroalfarero temprano y tenían una economía agrícola basada en el cultivo de maíz, recolección de chañar y algarrobo y el pastoreo de llamas.
La gran variedad de alfarería y cerámica, negruzca y blanquecina con figuras negras geométricas o zoomorfas halladas en el lugar dan cuenta de la destreza de esta cultura precolombina.
Entre los departamentos de Belén y Antofagasta de la Sierra, aparecen caseríos de viviendas circulares y restos de andenes de cultivos diseminados: Se trata de Laguna Blanca, a 450 kilómetros de San Fernando del Valle, que forma parte de la "puna seca".
Rodeada por cumbres de más de 5.000 metros de altitud, es un importante atractivo arqueológico y una reserva natural creada a fines de la década de los `70 para evitar la extinción de la vicuña.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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