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“Quienes visiten las sierras sepan que estos lugares necesitan de más cuidado”

Vecinos de sierras chicas piden que los visitantes se involucren con la problemática ambiental de la zona.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra redacción)

Todavía quedan manchones de ese suelo ardido, arrasado por el fuego, calcinado por las llamas. Pero las recientes generosas lluvias, que hicieron colapso río abajo, devolvieron buena parte del verdor a las sierras chicas y esa fachada disimula lo sustancial: la crisis ambiental de esta zona.
Pronto, cada de uno de los pueblos será receptor de miles de visitantes ávidos de pasar un fin de semana agreste y de quienes irán por algunas horas a tomar mate a la sombra de un árbol, a la vera del río. Y con justa razón, lugareños como Celeste Camacho de Villa Animí esperan que “además de disfrutar del lugar, sería bueno que quienes vengan se vayan con la idea de que si les gusta esto hay que cuidarlo más porque en este camino no vamos bien”.
El último fin de semana de noviembre se realizó la segunda cruzada de las Sierras Chicas por la soberanía de la Tierra y el Agua. El comunicado de esas jornadas pinta de forma clara lo que padecen las comunidades de la región. Dicen las asambleas que la emergencia ambiental ya “está declarada a viva voz por los pueblos que hoy caminamos: los incendios de pastizales y bosque de nativo, el desmonte por el avance de las fronteras agrícolas e inmobiliaria, la sobrecarga ganadera, el negocio inmobiliario y la expulsión y exclusión social y ambiental que promueven los barrios cerrados, la recurrente crisis hídrica” son algunos de los temas críticos ante los que el Estado no da respuesta. A lo que puede agregar “la pérdida  del espacio público, las Áreas Protegidas sin presupuesto, sin personal, sin control ni planificación, el eterno incumplimiento de la legislación existente”.

La belleza tiene fin
Mientras apuestan por alguna reacción de las esferas públicas, los vecinos serranos también apuestan por el ida y vuelta con sus pares de otras ciudades, con los turistas, con quienes llegan ocasionalmente a estos pueblos. 
Chris Edward, de la Mesa de Agua y Ambiente de La Granja, cuenta que luego de los incendios “con las lluvias todo mejoró”.  Sobre todo, “en la parte donde anda la gente”. Entonces, los problemas vinculados al mal manejo del bosque nativo parecen esfumarse entre el reverdecer de los pastizales.
Las recientes lluvias que hicieron estragos en la zona baja, en Jesús María y Colonia Caroya, tienen su contracara en la zona serrana. “Nuestro argumento es que lo más importante es mantener el bosque que está, que es la manera más segura de contener el agua que va río abajo.” En ese sentido, dice Edward, cuando preguntan por ciertos proyectos inmobiliarios y de ingeniería en la zona que pueden afectar ese correr natural de las aguas los “tratan como tontos” y avanzan en “experimentar con los ríos de la zona”.
Desde el Colectivo Sin Frenos, Camacho coincide con Edward en un aspecto central: “Cuando está así todo verde se sale del alerta, pero la crisis es más profunda más allá de si llueve un poco”.
El avance de la frontera inmobiliaria con objetivo recreativo y de esparcimiento va de la mano del desmonte, el uso irracional de agua por los complejos turísticos y por quienes llegan a sus casas de fin de semana. “Hay gente cuando relevamos el tema hídrico nos decía que como no venía todo el año podía usar todo el agua que quiera en el verano”, comparte indignada. 
Ante la variedad de problemáticas presentes, Camacho cuenta que aprovecharán los espacios públicos para entregar folletería e intentar hablar con los visitantes. “Viene el verano, la gente disfruta del lugar pero estaría bueno dejar como idea que si le gusta hay que conservarlo. Como mínimo tenemos que cuidar el agua y no desmontar más sino esa belleza que vienen a buscar se pierde.”  
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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