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Contingente recorrió estancias jesuíticas en busca de la historia de los negros esclavos

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83 personas visitaron Caroya, Santa Catalina, y Jesús María en una visita peculiar donde se narró la historia desde otro punto de vista.

El colectivo Córdoba, ruta del esclavo organizó el fin de semana pasado una visita de carácter turístico y cultural a las estancias jesuíticas de nuestra región, pero lo hizo para aprender más sobre la presencia de los negros esclavos en las unidades productivas.
Un contingente compuesto por más de 80 turistas llegó a nuestra zona para vivir esa experiencia. En Jesús María, por ejemplo, esquivaron el tradicional circuito para proponer una visita a lugares que habitualmente son inaccesibles y desde los cuales se podía contar la vida de los esclavos de raza negra que vivieron, construyeron,  y produjeron animales y frutos en nuestras tierras. Y lo hicieron a través de personificaciones con la inestimable colaboración de Teresita Baudin en el papel de la negra cocinera, acompañada por el “negrito” sacristán.
Así, fue posible saber, por ejemplo, que en Jesús María hubo una ranchería que llegó a tener 41 unidades de adobe y paja y cuyos vestigios habría que buscar a través de una investigación arqueológica.
“Para valorar el patrimonio hay que conocerlo y decidir cómo vamos a conocerlo. Por qué hacerlo a través de una foto, o de un power point, cuando tenemos la posibilidad de vivirlo. Por eso, en esta jornada (por el sábado pasado) lo que hemos buscado es que la gente viva estos lugares. No sé si habrá sido un éxito, pero veo que hubo mucha gente contenta, alegre y que ha disfrutado del día”, señaló Daniel de la Torre, administrador de la Estancia Santa Catalina y miembro del colectivo.
El recorrido en Jesús María estuvo a cargo de Belén Domínguez, licenciada en Historia y personal estable del museo, además de integrante de este colectivo de estudio sobre la vida de los esclavos en Córdoba. Su investigación no está concluida todavía, pero se supone que podría formar parte de un nuevo guión museológico donde este aspecto inmaterial de la vida en tiempo de los jesuitas sea revelado a los visitantes.
Mónica Gorgas, otra de las referentes del grupo de estudio, aportó sobre esta inédita experiencia de visita a las estancias: “Nos parece que se llega a entender la diversidad cultural no solamente a través de la mente, del intelecto, sino de la emoción y de la sensibilidad. Entendemos que lo que hace realmente valioso a este patrimonio de Córdoba declarado Patrimonio Mundial por la Unesco son sus valores intangibles, inmateriales, y eso es lo que hemos tratado de recuperar con un diálogo constante con quienes acompañaron durante esta visita”.

Una historia documentada
El guión para este paseo en particular fue supervisado por el investigador e historiador Carlos Crouzeilles, quien aportó datos sobre la vida de los esclavos en los siglos XVII y XVIII: “La presencia de los esclavos en Córdoba no es exclusiva de las estancias jesuíticas. Cada familia de la elite cultural cordobesa tenía uno o dos esclavos, los monasterios de las Catalinas o de las Teresas tenían esclavos. Básicamente, el traslado se hacía a través de carretas porque estamos hablando de territorio llano desde el puerto de Buenos Aires y eso era mucho más fácil a partir del siglo XVIII cuando se abre el puerto de Buenos Aires para la compra venta de esclavos a cargo de la compañía inglesa de los mares del sur”. Y añadió: “Era un poco más difícil cuando el puerto estaba cerrado. Entonces, la compra era a través del contrabando o de algún permiso muy restringido o salvedad que haga la corona respecto de la comercialización de esta mano de obra”.
Pero las obras edilicias y la producción no se realizó únicamente a través de la compra de esclavos. En cada estancia, habría paridad sexual de los esclavos lo que permitía su reproducción. Por eso, llegó a haber una colonia trabajadora tan grande en cierto momento histórico.
“La idea es sensibilizar y que la gente tome conciencia de que no nos damos cuenta y usamos un montón de palabras que derivan de su lengua y que tenemos influencia de ellos en la música, en la lengua, en la comida, y en un montón de cosas que nos cuesta un poco más darnos cuenta”, señaló Claudia Suárez, quien junto a Ariel Bustos tienen un emprendimiento que se llama Pataperreando y que propone entre sus circuitos la Córdoba Afro.
“Se dice que el negro desapareció -señaló Bustos- pero lo hizo en cuanto al color de la piel. En realidad, cultural y genéticamente hay una enorme probabilidad de que haya muchos afrodescendientes en nuestra ciudad y esto se da a conocer cada vez más. Es recuperar esa parte de la historia y de nuestra identidad que está presente aunque no la podamos ver a través del color de piel actual en la población”.
Todas estas investigaciones, especulan, podrían derivar en que se conviertan en el núcleo duro del plan de gestión conjunta del Camino de las Estancias como sitio integral, una materia todavía pendiente de la red que componen la manzana jesuítica y las cinco estancias que están en el interior provincial. Eso, sumado al ciclo de conciertos de Música Barroca, podrían ser parte importante de un guión que los unifique.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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2016. Año VIII.
Año Ocho.
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