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Pluralidad de voces, todas

Aunque resulten incómodas, las opiniones y críticas ayudan a gobernar. 

Por mucho apasionamiento que ponga, difícilmente una gestión municipal alcanzará la perfección. Está en nuestra naturaleza tener límites. Por nuestros conocimientos, por nuestas capacidades, por nuestras acciones.
Messi descollará con el balón entre sus pies, pero difícilmente se transforme en un especialista en la literatura de José Saramago.
Éste mismo editor se confiesa con nulos conocimientos respecto del deporte, de gran parte de la economía, y de la comunicación del tipo científica, entre muchos otros temas sobre los que desconoce.
No entiende, por tanto, por qué motivo un intendente, un concejal, un funcionario intenta presentarse ante la comunidad  como alguien que lo sabe todo y que tiene todos los aspectos de la ciudad dominados. Eso es, humanamente, imposible.
Incluso en los casos en que se aborden ciertos temas existe la probabilidad de que haya fallos en el abordaje porque las sociedades cambian de modo alarmante en estos tiempos de hipercomunicación y tecnología a disposición.
Redes sociales, canales de video, teléfonos con múltiples funciones permiten una instantaneidad que hace 15 años era imposible de futurizar. Con un pequeño software, incluso, es posible poner en práctica lo de la comunicación telefónica con video incorporado. Hablar con otro mientras miramos qué es lo que hace el otro.
No se entiende, entonces, por qué un intendente, un concejal, un funcionario se siente alguien superior, incapaz de un yerro, infalible (ya ni el Papa se animaría a hablar de infalibilidad), todoterreno, preparado para todo y todo el tiempo.
Reconocerse humano hará, seguramente, que cambié la opinión de muchísimos vecinos respecto de la política y de los políticos. En ese reconocimiento de humanidad está, también, la declaración de finitud, de necesidad de manos que ayuden, de búsqueda de cooperación.
Por el camino de la soberbia, no tendremos una mejor inte-racción, no habrá chances de mejorar lo que hay que mejorar, ni mucho menos de cambiar lo que es necesario cambiar.
A las sociedades en las que un líder intentó presentarse como la única opción, como mesías, no les fue bien. Las sociedades donde los líderes intentaron silenciar a los que pensaban diferente terminaron con grandes fracasos.
Hay una tentación muy grande en tapar la boca al que opina en voz alta y expresa sus diferencias, pero también hay que recordar que vivimos una temporada democrática muy auspiciosa en donde eso resulta inadmisible.
De eso se trata, después de todo: de consentir la pluralidad de voces y de opiniones y de entender que las críticas no siempre tienden a destituir sino a señalar errores que deben ser reparados para que seamos mejores como comunidad y para que los gobernantes también sean mejores de lo que son.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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