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David Torre: “ojalá que interdisciplinariamente nos sentemos en la mesa a trabajar en las soluciones”

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INFORME ESPECIAL

El ingeniero agrónomo especialista en conservación de suelo y agua explicó en qué tramo está el plan de ordenamiento de la cuenca hidrográfica del río Guanusacate.

El plan de ordenamiento -diseñado para la cuenca hidrográfica que aporta sus excedentes hídricos  al río Jesús María- nació como una respuesta a la inquietud de un grupo de productores agropecuarios junto a municipios y organizaciones intermedias (como la Sociedad Rural), que buscaban promover la ejecución de obras que tiendan a mejorar la capacidad de retención del  agua de lluvia -en particular en las tierras agrícolas- además de emplazar microembalses de retardo temporario,  entre otras prácticas, que ayudaran en conjunto a mitigar los efectos de las aguas concentradas en cursos naturales, ríos y arroyos, que afectan zonas urbanas y obras públicas, además del  beneficio para el sector productivo.
Dicho de otro modo, lograr frenar la cantidad de agua que baja a los ríos y que genera crecidas que van destruyendo todo lo que tienen a su paso. Ese proyecto fue presentado en sociedad en julio de 2010, por el ingeniero agrónomo David Torre, quien es también especialista en conservación de agua y suelo. Los primeros microembalses del proyecto comenzaron a construirse en octubre de 2011, y fueron presentados oficialmente en sociedad en abril de 2012. Y con una buena noticia: en la ejecución de cinco microembalses se habían ahorrado 130 mil pesos. En lugar de 380 mil pesos se habían gastado 250 mil pesos.
Para la cuenca del río Jesús María, el proyecto preveía la realización de al menos 23 microembalses de retardo. Y durante el resto de 2012 se estuvo gestionando la adquisición de la maquinaria indispensable para continuar los trabajos. ¿Burocrático? Sí. Los tiempos de la administración central nunca son los que necesitan los municipios ni los vecinos de esos municipios.
Resolver quién se iba a hacer responsable por la maquinaria que se iba a entregar para seguir llevando adelante el plan de ordenamiento de la cuencia hidrográfica fue otro tema. Finalmente, la entrega se realizará directamente a las Comunidades Regionales porque eso supone la intervención directa de las Municipalidades que cuentan con personal que está en condiciones de operar esa maquinaria (tractores, palas de arrastre, retroexcavadoras, entre otras).
Los consorcios de conservación de agua y suelo -hay ocho en el norte cordobés- serán quienes controlarán las obras que hay que realizar en cada cuenca. Y los productores serán quienes colaboren cediendo  lugar en sus propios campos para ejecutar las obras.
Diagramar cómo iban a funcionar estas “unidades ejecutoras” demandó lo que quedaba de 2012 y lo que va de 2013 y ahora que está todo para entregarse, ocurrió lo que ocurrió con el río Jesús María y se tiñó todo de sospechas.

La Granja, reanuda las obras
Las autoridades de La Granja han sido las primeras que quisieron romper con la secuencia que les señala que allí les cuesta obtener agua y en la parte baja de la cuenca se inunda todo cuando llueve mucho en poco tiempo.
Quieren quebrar con la tradición que dice que los de abajo no hacen nada porque los de arriba tampoco lo hacen. Allí, quieren encarar unos microembalses distintos a los del bajo. En la localidad buscarán detener el agua que va bajando por pequeños cursitos de agua y que son tributarios de los cursos principales. En esos casos, tendrán que construir pequeños diques de piedra, en zonas altas donde es difícil llegar con palas de arrastre. Para conseguir eso, van a ser necesarias numerosas gestiones.
Si se lograran concretar esas obras, se podría atenuar en un 30 o un 40 por ciento los picos de crecidas. El impacto, entonces, sería diferente al que tuvo el viernes primero de noviembre.
“Tenemos que conjugarlo con el crecimiento urbano (que haya más plantas) haciendo hincapié en que todos pensemos lo mismo: que haya más lotes con monte natural antes que un lote pelado”, graficó David Torre, ante la consulta de este semanario.
“Cómo hacemos para impedir que se siga ahondando el río es hoy la pregunta. Se pueden hacer obras complementadas para frenar esa erosión. Yo les diría a la ingeniería hidráulica y a la civil que ellos programen las obras que sean necesarias y nosotros en conjunto con biólogos nos encargaremos de manejar cómo hacemos para restablecer el monte, las plantas, y cómo hacemos para que los productores hagan prácticas que ayuden a retener el agua”, reseñó Torre sobre la necesidad de trabajar en conjunto para frenar la erosión actual del río.
Hacer terrazas, más los microembalses, más reforestar, más ordenar el crecimiento urbano, más los aljibes más el patio de la casa, tienen que contribuir a la solución del problema.
Para ejemplificar la magnitud de la última crecida, vale señalar que una normal suele acarrear 120 metros cúbicos por segundo, el equivalente a arrastrar un corcho a razón de un metro por segundo. Pero la velocidad de la última crecida fue casi cuatro veces mayor. “¿Para ese caudal qué obra va? -preguntó Torre- qué hacemos. Esto fue una catástrofe. Ojalá que interdisciplinariamente nos sentemos todos en la mesa a trabajar en las soluciones porque todos tienen derecho a opinar, pero que no sea para pelear ni para discutir si lo mejor es poner árboles o sacarlos”.
Buenas intenciones para lograr una solución de fondo a un severo problema ambiental.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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