En foco
Pin It

Widgets

Razones para no acostumbrarnos nunca a la corrupción

Tal vez te interese

De todas las corrupciones, la peor es la que desvía fondos públicos para fines que no sean los de mejorar la calidad de vida de los vecinos. El peor corrupto es el que desvía fondos que no llegan a los más vulnerables.

A diferencia de la lluvia, del granizo o de la nieve, que se pueden predecir pero no evitar, la corrupción no es un fenómeno. No es algo que se rija por leyes de la naturaleza.
Tampoco es un flagelo. No es algo que llegó para quedarse y que hay que asumir porque sí nomás, ni algo a lo que hay que resignarse mansamente a que funcione. No. Es algo contra lo que hay que pronunciarse, cada vez que sea posible, y que hay que denunciar para que no quede impune.
La corrupción tiene formas concretas, operaciones en las que se hace patente, pero también tiene matices y algunas cosas que no parecen corrupción pueden terminar siéndolas.
Ser ineficente mientras se gobierna, es decir, gastar más de lo que se debe en algo y hacerlo en mayor tiempo que el debido también puede configurar una forma de corrupción. Poner en manos de un incapaz una repartición pública es una forma de malgastar los recursos públicos y una forma de corrupción bastante aceptada, por cierto.
Lo que no quiere decir que nos tengamos que acostumbrar a que nuestros dineros públicos, los que aportamos pagando impuestos, sirvan para sostener a punteros políticos que ocupan cargos o forman parte del plantel de mandos medios en cualquiera de las versiones del Estado.
Las variantes más graves de la corrupción, claramente, son las que desvían fondos públicos que no son aplicados a obras o servicios específicos y que terminan en manos o en cuentas bancarias de terceros. El sobreprecio en la obra pública, por ejemplo, suele ser una de las formas graves de corrupción.
Y es grave porque esos dineros que se desvían hacia cuentas de terceros después son los que faltan en hospitales, escuelas, viviendas, en mejorar los servicios de seguridad y de justicia, en infraestructura de caminos y comunicaciones.
Desde luego que la corrupción ya no figura en la agenda de las principales urgencias ciudadanas, como pudo ser durante la década de los ‘90, porque la acción de la Justicia sobre las denuncias fue negligente, o llegó tarde, o no castigó con severidad.
Les queda a los ciudadanos la sensación de que la corrupción no es sancionada nunca y, por ese motivo, deja de ser motivo de preocupación y alerta. Vivimos un tiempo en que muchos prefieren el slogan ‘roban, pero hacen’ o de aquellos que aseguran que roban, pero ayudan mucho a los más pobres.
Erradicar la corrupción representa un enorme desafío. Desterrarla de las instituciones, de las grandes y de las pequeñas, de los organismos gubernamentales, de las Secretarías y Ministerios. Eliminar la ‘cometa’, el ‘diezmo’, la ‘gentileza’, y comenzar a transparentar los procesos de rendición de cuentas sobre lo que se hace con los dineros que son de todos, con los que aportamos con otros fines que los que hoy tienen.


Autor
Claudio Jose Minoldo

Blog de Interes, recomiendanos

No hay comentarios :

Leave a Reply

Contacto

Contacto

Primer Día

2016. Año VIII.
Año Ocho.
Hecho en Jesús María, Córdoba (Argentina)
Todos los derechos reservados.
Las opiniones emitidas no necesariamente reflejan las opiniones o posiciones de los administradores de Semanario Primer Día.

Seguidores

Archivo del blog

Nuestra misión es dar a conocer nuestros servicios gratis Ayudadeblogger.com