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La muestra anual de la EFA reiteró la sana costumbre de ser innovadora

Particularmente, los alumnos de los dos últimos años fueron capaces de proponer productos que serían novedad en el mercado si un empresario decidiera invertir en su industrialización masiva.

Copiar lo que ya existe es muy fácil, pero proponer lo distinto, lo no creado es parte de la propuesta pedagógica de la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) de Colonia Caroya que motiva a sus alumnos a dejar volar su inventiva e imaginación.
Sorprenden, también, lo bien plantado que están los alumnos de primero a cuarto año que son capaces de explicar con lujo de detalles los temas sobre los que trabajaron a lo largo del año.
Los de primero, sin ir más lejos, encuestaron a vecinos de la zona para saber qué sabían sobre el agua potable, sobre los plátanos, y sobre basura. Con esa información fueron capaces de diseñar unos juegos y armaron tortas y gráficos explicativos.
Los de segundo año se dedicaron a lo que debieran ser buenas prácticas de manejo de vehículos, sean coches, bicis, o motos.
Y los de tercer año trabajaron todo el tema de la contaminación y la forma de combatirla a través del reciclado de materiales. Muchos de esos materiales, de hecho, se transformaron en obras de arte que se expusieron en el stand de educación artística.
Ya en cuarto año, la cuestión se puso más interesante porque es el año en que los alumnos comienzan a ver lo que es la producción animal, frutícola, y vegetal, y comienzan a elegir algún producto que desarrollar en los años posteriores.
Lo mejor, inevitablemente, comienza a medida que uno se acerca a los stands de los cursos superiores porque es allí donde toda la inventiva se pone de manifiesto y da gusto escuchar cómo se enuncian potenciales negocios. En quinto año, por ejemplo, algunos alumnos proponían productos como shampoo de huevo, crema de baba de caracol, tintura con hojas de nogal abosolutamente natural, humita envasada, tuna en almíbar, crema de champingnon, y un segmento de jugos y licores a partir de la uva, el arándano, y las ciruelas.
Y como en sexto año, la propuesta es la comercialización, los alumnos propusieron un restó al que llamaron 44C (por el lote donde está la escuela) y montaron el lugar con mesas y sillas, donde los alumnos oficiaron de mozos para ofrecer, por ejemplo, nuggets de pavo, chorizo de cabra, arrollado de conejo, vino de manzana, vinagre de pera, yogurt de leche de cabra, y alfajores de arrope de tuna, entre otros productos novedosos y curiosos. Otra vez, la EFA nos asombró con la inventiva de sus alumnos.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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