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“Siempre el padre de un adicto necesita encontrar un culpable porque de otro modo se tiene que hacer cargo”

Ante la problemática social de la violencia, las drogas, el alcoholismo, los riesgos asociados al SIDA y sus consecuencias como los accidentes, homicidios, suicidios, peleas, delitos y criminalidad, la Fundación Mancomunydad propone consolidar estratégicamente el fortalecimiento de las redes sociales.

Hace 15 días, Eduardo Lavorato y Héctor Molina, cofundadores de Mancomunydad, fueron los encargados de coordinar el 1º Foro Regional contra las Adicciones y de presentar uno de sus dispositivos a la comunidad de nuestra región. Tras el encuentro, surgió la posibilidad de dialogar a fondo sobre las adicciones y las posibilidades de abordajes preventivos y terapéuticos.

En las charlas dirigidas al público adolescente, se repetía la sentencia de que drogarse era sinónimo de escaparse y uno se escapaba porque no tenía un proyecto de vida. Si eso es cierto, mal hacemos en achacarle solo al Estado que no genera para la juventud proyectos de vida porque eso depende de otros actores y factores
- Héctor Molina (H.M): Siempre el padre de un adicto necesita encontrar  un culpable porque de otro modo se tiene que hacer cargo de la responsabilidad que le toca. En esto, hay responsabilidades que les toca a todos. Tampoco es toda la culpa de los pibes. Nosotros les dejamos este presente a los chicos. Hoy, las familias están ausentes, en crisis. Antes, la familia conformaba una red porque era extensa: abuelos de ambos lados, tíos, primos, padres, hermanos que formaban una red. Hoy, está reducido al núcleo pequeño y, a veces, esa mamá y ese papá tienen obligaciones que los llevan a estar ausentes mucho tiempo. Hay un montón de causas que llevan a que hoy estén más desprotegidos.
- Eduardo Lavorato (E.L): Hay algo de cierto en esto de que el joven se escapa y el Estado no coopera. Vivimos en una cultura donde el consumismo está muy arraigado. La gente alcanza cierto nivel de satisfacción consumiendo tal o cual cosa. La felicidad, en ese caso, viene de afuera hacia adentro. La drogadependencia viene a revelar este siniestro que consiste en que muchos pibes con este mensaje tan bruto que incorpora considera que ese estado de satisfacción lo puede lograr consumiendo tal o cual cosa. Uno podría en este eje tener la visión de que es lo que señala la sociedad de consumo: comprar tal o cual cosa para lograr cierto bienestar. La gente no se droga para escaparse sino para estar bien. Se droga con un sentido de una búsqueda de bienestar. Pareciera ser que a las incomodidades de la vida las tenemos que taponar porque el mandato es estar bien. Y nos pasamos el proceso consumiendo en lugar de ocuparnos por el desarrollo que incluye las respuestas a las diferentes crisis por las que pasamos. Por el otro lado, nos olvidamos de que el Estado somos nosotros. Hay un falso concepto de que el Estado tiene que ver solamente con lo funcional. Si concebimos a la sociedad como un organismo, todos somos miembros de este cuerpo. Obviamente, que el gobierno va a terminar haciendo lo que nosotros consintamos o permitamos o toleremos que suceda.

 En los ’60, la droga llegó a algunas ciudades grandes y a las más pequeñas llegaba varios años después. Ahora, da la impresión de que la distribución es más veloz.
- E.L: Demora menos tiempo y es mucho más prolifero porque en territorios más pequeños se carece de estructuras preventivas. Se carece de políticas que tiene que ver con la prevención y la asistencia. En algunos lugares, el adicto sigue haciendo de las suyas y toda la población termina siendo testigo de cómo es la vida de ese pibe cuya vida está completamente afectada por la situación de consumo y la sociedad no hace nada para remediarlo, probablemente, porque no sabe cómo hacerlo. Impacta muy fuerte porque ven el problema, conviven con él, y no saben cómo resolverlo. Ese nivel de impotencia hace que el problema prolifere y se acelere cada vez más. Es como que te pronostiquen una enfermedad y vos no hagas nada por el amedrentamiento o la angustia que te genera ver esta enfermedad. El diagnóstico es para que te empieces a ocupar. La diferencia entre que un joven empieza a consumir y su familia se entera es en promedio de dos años. Cuando el padre quiere empezar a activarse, el hijo ya tiene un pronóstico muy reservado porque el cuadro de adicción está instalado.
- H.M: Hay menos dispositivos, están menos preparados y esto agrava el problema en el interior. Hay lugares donde no tenés la posibilidad de que un hijo tenga terapia o vaya a un hospital de día.

Se habla mucho de la falta de articulación entre los esfuerzos municipales y de las otras instancias del poder central provincial y nacional. ¿Cómo se hace para mancomunar esfuerzos entre gobiernos que tienen interrumpido el diálogo? ¿No es eso un obstáculo?
- E.L. Claro que sí. Aunque tenemos que decir que nos vamos de Córdoba con una grata sorpresa porque nos encontramos con que hay cuatro municipios unidos, aunque tengan banderas políticas diferentes (Caroya, Sinsacate, Jesús María, y Vicente Agüero). Esto no se da generalmente. Cuando hablamos de las “fisuras” hablamos de esto: que a veces las miserias humanas generan fisuras. Los adictos se llaman a sí mismos fisuras. ¿Por qué? Porque de algún modo encarnan la fisura que van teniendo todos los organismos que hacen a los procesos socializadores, es decir, a todas las instituciones que deberían ocuparse del desarrollo humano, del desarrollo social, y que no lo hacen. Justamente, por atender intereses personales o políticos y hasta mezquinos. Y que están al servicio de cualquier otra situación menos al servicio por lo que fueron creados. Eso describe una profunda fisura de esos organismos que fueron creados para generar un servicio social que no generan.
- H.M. Con un agravante: hemos ido a un montón de lugares donde la adicción se esconde debajo de la alfombra porque políticamente –como la delincuencia- no genera réditos. ¿Por qué no lo vas a reconocer el problema? Si hasta que no lo reconozcas, no vas a poder trabajar en las soluciones. Nos llamó la atención que en esta zona haya intención de varios municipios en trabajar sobre soluciones. Además, con una problemática que es de todo el país.

¿La fundación Mancomunydad es el resultado de un montón de fracasos previos a partir de los cuales se propone un abordaje diferente?
- E.L: Mancomunydad encarna lo que para nosotros es “el secreto de la Coca Cola” que es la unión y el trabajo mancomunado. Sin esto, no hay posibilidad de abordar, superar, y dar respuestas a este tipo de problemas. Mancomunydad tiene la suerte de haber acumulado experiencias de las cuales se aprendió y que para nosotros componen lo que llamamos dispositivos terapéuticos que han sido muy exitosos. Aquí (por el foro realizado en nuestra región) compartimos lo que es el proyecto que llamamos comunidades preventivas que, básicamente, es un proyecto que venimos promocionando desde hace seis años. El proyecto destaca el valor del ser, trabaja muchísimo con la autoestima, con la capacidad proactiva de cada persona, hay todo un entrenamiento motivacional que hace que la persona sea un preventor comunitario. La idea es que con estos líderes se pueda ir transformando un ecosistema para que sea inmune al riesgo de consumir drogas.
- H.M: Tenemos para ofrecer dispositivos de corto, mediano y largo plazo, entre ellos, dispositivos de prevención como pueden ser comunidades preventivas, grupos de padres, colectivo cultural, pero también dispositivos asistenciales como centros de desintoxicación, comunidades terapéuticas, hospitales de día, centros ambulatorios. Y finalmente tenemos dispositivos de inclusión social como casas terapéuticas y casas de medio camino, además de cursos de capacitación.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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